domingo, 18 de mayo de 2008

Confesión # 13.

Estoy escribiendo esto porque no sé qué más escribir. No hay nada más que decir sobre nadie que no sea yo. Porque yo sólo sé cosas de mí y por los momentos, con eso me quedo. Porque hoy, más que nunca, all of them, todos los hombres que han pasado por mi vida y todos los que pasarán, me valen mierda. Entonces, perdonen ustedes la poca modestia o escasa discreción, pero aquí voy de nuevo.

Este blog me salvó la vida. A veces, en los peores días de mi guayabo, quería tomarme un frasco de pepas y hacer que todo se acabara. Pero no lo hice por mi mamá. No lo hice porque no le voy a dar el gusto al huevete de mi ex. No lo hice por mí.

Mi futuro es brillante y está lleno de ropa de diseñador gratis, de Flo S.G. y de Richard S.W., de premios Oscar y Golden Globe, de alfombra roja. De puta, de monja, de señora de servicio, de médico, de ejecutiva, de mujer enamorada, de GI Jane, de Thundercat, de protagonista, de mejor amiga de la protagonista, de mujer de leyes, de mujer sin ley, de mujer sin hombre, de la película de la vida de Salma, de competir contra la mediocre de María Conchita, de latina o de musulmana.

Estoy muy orgullosa de mi Plan Norelys, que consiste en tomar menos y ejercitarse más. Porque lo he cumplido y ha funcionado, según el hombre que me dijo ayer que estaba buena. Siempre pensé que mi inteligencia y cultura eran pues... lo que hay. Con lo que había tenía de sobra, no me malinterpreten. Pero aparentemente eso es sólo suficiente hasta que alguien te dice que estás buena. Todos los hombres del gimnasio se han ofrecido a ayudarme con algo esta semana. No estoy acostumbrada a ese tipo de atención y voy a reconocer que me encanta.

Quiero leer Twilight. Sigo soñando con leer un libro o una colección de libros que me enamore como me enamoró el Sr. Potter. Sigo creyendo que existe. Que hay un Harry allá afuera que va a divorciarse de Ginny para casarse conmigo. Sueño con escribir mejor. Con leer más rápido. Con leer más. Con tener más dinero. Con comprarme zapatos de todos los colores. Con Manholo Blanik´s Mary Jane. Con una Birkin Bag. Con comprarle una casa a mi mamá y otra a mi papá. Admiro a mis hermanos. Admiro a todas las mujeres que llevan su cruz con dignidad hasta que un día dejan de calársela y punto. Admiro a mis monjas, extraño a mi colegio y a mis profesoras. Giannina Olivieri cambió mi vida.

Admiro a mis abuelas. Mis dos pitás y mi tía son las mujeres más de pinga y echadas pa´lante del mundo. Extraño a Alejandro mi primo. No sé cómo decirle que cada vez que hablamos se me parte el corazón porque él está allá y yo estoy aquí y yo lo extraño como nunca. Y que porque precisamente me entristece mucho hablar con él, es que no hablo con él tanto como debería. Me siento como una outsider en las reuniones de los Rancel. A excepción de cuando estoy en Connecticut. Me siento en mi casa en cualquiera de las reuniones de los Carvallo.

Le tengo fobia a los pies. Odio los pies, en todas las formas y tamaños. Amo las culebras y sé más de ellas de lo que mucha gente cree. Disfruto demasiado enredar y manipular a algunos hombres mediocres que no me interesan y les hago creer que los quiero sólo para después medio partirles el corazón. Todos los hombres que no me han interesado en lo más mínimo se quedan malpegados conmigo. Ninguno de los hombres que me ha medio interesado ha sentido algo por mí. Quiero tener un monólogo divertido y profundo en mi cabeza como Dexter o como Grey.

Odio a los niños. No, en serio, cada vez que veo un carajito corriendo o con los zapatos-patines quiero hacerles una zancadilla. 80% de mis primos tienen menos de 10 años. Harry Potter, Disney y bailar son las cosas que me sacan del foso. Siento que por más que doy coñazos para salir del foso sigo enterrada en él. Mi miedo más terrible es algún día cansarme de pelear.

Bailar me transforma en alguien que no soy, en la persona que siempre he querido ser. Treinta minutos antes de entrar al ensayo y media hora después de haber saligo del ensayo soy alguien que amo. Todo el resto de las horas del día soy yo, genuinamente yo... y no me quiero tanto.

4 comentarios:

Carlos Huerta dijo...

Tienes dos confesiones #9 y dos #3

Débora Ilovaca Leiro dijo...

Andre... quiero decirte algo que te haga sentir bien, pero no sé qué. Me dejaste sin palabras. Tal vez sólo puedo decirte que vas a salir del foso. Yo estoy en proceso. Y es jodido, sí. Pero se se puede. Se puede y se siente bien, muy bien. Se siente del carajo. Y a veces, bueno, mentira, muchas veces, uno piensa que está superado y vuelve a caer. Créeme, soy experta en volver-a-caer-justo-cuando-estaba-de-verdad-saliendo-del-fucking-foso.

Y no te creas. Yo tampoco me gusto a veces, Andre. Ni tampoco me quiero tanto como debería. Y ése es el verdadero foso. El foso coño de madre que nos condena a millones de otros fosos. Por eso creo que, si nos concentramos en éste, los demás desaparecen.

Creo que si sigo escribiendo esto se convertirá en un asqueroso comment de autoayuda. Así que eso es todo.

Te quiero,
Deb.

PD: esta entrada está del carajo :)

Andrea dijo...

Hola.. caí aquí por casualidad. Buen blog!... Comparto tu fobia con los pies...! los odiooo!! Sigue escribiendo.. Ciao!

Laura Strazzaboschi dijo...

Concido con Deb. Del carajo este post. Y también, el verdadero foso es no quererse a uno mismo cuanto debería.
If you cant trust yourself or those close to you, entonces escucha a los outsiders que te lo dicen... a veces es mucho más facil creer en la objetividad de los extraños que en la subjetividad de los amigos. Por más que los dos estén diciendo exactamente lo mismo.
Love ya...