lunes, 27 de febrero de 2017

All the times I've wanted to quit

La primera vez que pensé de verdad mandarlo todo a la mierda fue cuando no quedé en la beca de NYU. La segunda vez fue cuando me la iban a dar pero la perdí por las lesiones. 

La tercera vez fue cuando me fui seis semanas a NYC y como todavía creía que era fácil, que caminaría por las calles y alguien me iba a descubrir. 

Las demás, no me acuerdo del orden, pero sí me acuerdo de los momentos. 

Cuando entrando a un casting de gente que supiera leer música me pidieron la talla de sostén. Cuando nadie quedó en Blue Label, incluyéndome.  Cuando Emma Stone se regresó a Boulder City. Cuando me quedaban 4000 pesos en la cuenta. Cuando me pidieron que anotara en la claqueta cuántos seguidores tenía en Twitter, Instagram no existía.  Cuando eso importó más. Cuando me dijeron "tu casting fue uno de los mejores castings de la historia de este canal, pero quedó Ella porque es catira" y después a la catira le pintaron el pelo de mi color. Cada vez que siento que haber estudiado tanto no sirve de nada. Cuando Guaco viene a Bogotá y no sé si voy a tener la plata para pagarlo. Cuando no entienden la vulnerabilidad y sensibilidad. Cuando el público es taaan ignorante que se ríen en la parte más triste del dolor de tu personaje. Cuando el público se ríe por decir "pipí, culo, gay" en cualquier contexto  pero no entiende "lolas cóncavas." Cada vez que entiendo cuánto me falta y lo lejos que se ve. Cuando cualquier excusa es buena para que quede otra, pero te llaman para decirte que el casting les encantó y que te tendrán presente para un papel más chiquito u otro proyecto. Cuando uno trata de hacer magia de niveles potterianos and yet you are not understood. Cuando sales a correr y entrenar pero no terminas de adelgazar. Cuando tienes 31 años y no terminas de entender por qué te haces tanto daño. Cuando hace tanto frío en Bogotá que no consigo cómo más arroparme. Cuando extraño a mi mamá, mi papá, mis hermanos y D'Artagnan.  Cuando sabes que la plata no es todo, pero coño, cómo ayuda en la vida. Cuando it's been too hard for too long. Cuando no estás segura de si ha valido la pena someterte a todo esto por tanto tiempo. Cuando tienes que empezar de nuevo y piensas, coño por qué no me quedé en esa mierda haciendo comerciales?! Allá era alguien. Cuando tus amigas maduraron y tú no, sientes que es hasta infantil que sigas persiguiendo el mismo sueño y trabajando por la misma cosa desde hace tantos años. Cuando no sabes si estás bien tú y mal los demás o al revés. Cuando te miras en el espejo y piensas que no te pareces a las que hicieron Red Carpet ayer... esta es temporal, porque ni las que hicieron el Red Carpet ayer se parecen a ellas.  Cuando no sabes qué más inventar. Cuando amas y aprecias lo que el stand up te dio, pero tú en verdad, en el fondo, lo único que quieres es ser otra. No ser la versión más cómica de ti, sino otra mujer. Cuando tienes demasiado que dar pero no sabes en qué escenario ponerlo. Cuando la suerte le llega a todo el mundo menos a la que más ha trabajado para tenerla. Cuando cualquier pajúo con una peluca de jeva hace un video que ni da risa y le dan que si un carro por intercambio. Y tú ahí con tu Chejov en la cartera... Cuando las referencias, la educación, la cultura, las ganas y la pasión no parecieran ser suficientes. 


SONIDO DE FRENAZO. 

Estás loca, marica. Sí, de pana que sí, no hay suficientes páginas en el blog para seguir describiendo todas las veces que ha sido horrible. Las veces que esta profesión ingrata te ha dado 023784892734892 lepes y te ha desmayado del dolor. Pero, Nina, mi reina, no estás tan mal como crees. Vas a grabar en Comedy Central y eso lo ve mucha gente. Vas a contar los chistes que tú quieras, para la gente que quiera verte. Tienes seis meses en un país que no es tuyo y has hecho cuatro comerciales, marica. Un poquito de perspectiva. 

Un poquito de autoestima, también. Estamos mamadas. Molidas. Extenuadas. Muertas. Seh, pero no es distinto a Venezuela. Siempre has estado mamada porque siempre has sido impaciente. Siempre has querido ese Red Carpet más que nadie que conozcas. Tu cuerpo de energía cuasipepera fue diseñado para aguantar este maratón eterno. Este Ítaca que cada vez disfrutas más, no? En el fondo lo disfrutas. 

Tienes esperanza y certeza de que vainas lindas van a llegar. Lindas, grandes, buenas, merecidas, emocionantes, van a llegar. Vas a viajar por el mundo haciendo reír y otras veces tu cara va a hacer llorar. ¿Cuánto falta? No puede faltar más de lo que llevas, ¿no? Bueno, de que se puede, se puede. Pero hay que confiar en que no. 

Hay que confiar en que estás en el lugar correcto. O de repente NYC te dio mucho más miedo del que quieres admitir. Miedo podría darle a alguien que no esté preparado como tú, pero bueno, igualitico aquí sigues en LatAm. Ya lo escogiste y ahora el plan B tiene que ser que el plan A funcione. 

Is there anything else you could learn here? 

Me imagino que sí porque si no no seguirías aquí. Tienes que hacer algo por tu arte todos los días. No sé si haber retomado el blog cuenta, pero mejor eso que andar bebiendo o enratonada por ahí un martes a las 3:00pm. Seh, pero es que me da flojerita. O sea, ¿por qué no puede alguien estar caminando por la calle y decir "epa tú misma eres, ven acá, aquí está este proyecto listo para que protagonices" y ya? Insisto, flojerita. Yo sé que nada que valga la pena en la vida es así, pero cdlm, ojalá. 

Tus problemas son que no eres ni calmada ni paciente ni proactiva... Te refugias en el estudio pero al final no haces nada con el estudio. Cool, Dora La Estudiadora pero pon esa vaina a producir, vale. 

Flo-je-ri-ta dije ya. Es más fácil quejarse en pijama que escribir la película más cool de tu generación en pijama. If only, de pana. 

I AM NOT GOING TO WASTE MY SHOT. I AM NOT GOING TO LOSE MY SHIT. 

I would quit, but it's too late to do that now. 

domingo, 26 de febrero de 2017

Chuchú de pensamiento de la noche más importante del año

El miércoles voy a mi casa y no puedo dejar de contar las horas.

Un domingo perfecto se traduce en lo que estoy haciendo ahorita. Por primera vez, no mentira, llevo varios domingos buenos aquí. Me emociona salir de la cama para ir a ver la ceremonia de los premios Oscar.

Nina y Oscar forever. Si Dios quiere antes de los 40, pero no estoy apurada.

Cuando me nominen la primera vez sé hasta cuál es el caption de la foto de Instagram que voy a montar en la limosina para allá: pues se fue la niña bella, bajo el cielo y sobre el mar, a cortar la blanca estrella que la hacía suspirar.

Como ven, he pensado en esto muchas veces.

He pensado en esto muchas veces. Muchos días, muchas horas, muchos años, muchos meses. Verso sin esfuerzo.

Muchas mujeres que conozco pueden describir cómo va a ser su vestido el día que se casen. Yo puedo describir el primer vestido de la primera nominación y el vestido de cuando me lo gane. Me imagino que no me lo van a dar a la primera, porque mira, ni Viola Davis.

Hoy estrené una pantaleta verde. Hay que cambiar, nunca había tenido pantaletas verdes.

"You went in and my heart went BOOM."

El jueves entendí algo sobre un bit que estoy haciendo de Tinder. No todo el mundo tiene Tinder y de verdad no entienden qué es. Claro, hay muchos que mienten al respecto, pero de pana como que la mayoría no lo entiende. Entonces tengo tres días escribiendo premisas y remates para explicar al común denominador qué coño es Tinder, para que después a Pedro Plomero y Ana Ama de Casa se rían con los chistes de por qué estar ahí.

Ah, perdón, no lo entendí sola. Me lo tuvo que señalar un amiguito de Probando Material.

Tengo tres días dándole vueltas a la vaina y sólo se me ha ocurrido un buen chiste al respecto. Chicaparaqueporfa nos expliques cómo quedaste en Comedy Central.

Una de las razones por las que no doy con el chiste es porque escribo con el soundtrack de Hamilton de fondo y obviamente me disperso cantando, practico para cuando quiera que Dios me ponga en el camino de Lin Manuel Miranda para audicionarle que si LIVE y después recibir mi Tony.

Me imagino que el Emmy me lo ganaré por un sitcom. O por escribir el mejor sitcom para jevas como yo y darle esperanza a las solteronas. Esperanza y risas, no pido más.

miércoles, 22 de febrero de 2017

Chuchú de pensamiento

I am falling in love with a guy I know is going to break my heart.

Estoy lavando la ropa en un centro comercial en Bogotá mientras escribo. No es tan lejos de donde vengo, pero igual me sorprende el desarrollo. Puedes sacar la laptop en centros comerciales, la lavandería tiene wifi y cualquier vaina puedo revisar el teléfono sin miedo.

Quién iba a pensar que Venezuela estaría así de mal, ever.

Ayer tuve show de stand up en un lugar en Bogotá que se llama A Seis Manos. Al final de mis cinco minutos (es un show con muchos comediantes, pocos minutos cada uno) me dieron una premisa para improvisar remates sobre ella en el momento. Fue muy fino poder ejercitar el músculo creativo de una, sin tener tiempo de pensar. Algunos chistes sí dieron risa y me sentí muy orgullosa de mí.

Para todos los que todavía leen el blog pero no me tienen en Facebook, hay buenas noticias. Fui seleccionada para grabar en el especial de stand up que se hará en Bogotá, con gente de aquí.

Tengo desde el 12 de febrero que hicimos el casting para grabar imaginándome el momento de la llamada. Me lo imaginaba como el día que Bettina Sheperd me dijo que sonaba muy bien y que "obviously you know some music, too." Me imaginaba llorando por todas las calles de Bogotá, abrazando extraños. No fue así, fue anticlimático.

¿Por qué fue anticlimático?
Porque yo sabía que me iban a llamar. Nunca en la puta vida había hecho un show como ese.

Las cosas llegan a ti cuando estás lista para recibirlas.

Si no hubiera comido tanto mierda o si hubiera sido más fácil, sería inmamable como las estrellas fugaces de lo que quienes lo integran creen que es el star system venezolano. Pero como dice George Harris, salen de El Doral y se mueren de hambre.

Si no fuera por la diáspora producto del fucking chavismo, estarían ahí clavados.

Todos los días le doy gracias a Dios porque mis papás pudieron pagar la educación que me trajo hasta aquí y me dieron los valores que permitieron que no me traicionara ni los defraudara en el camino.

Hay una sola cosita que me hace una pendeja: me muero por verle la cara a la prepago que trabajó conmigo en una obra de teatro y después me dijo "extra de RCTV" creyendo que eso me insultaría cuando se entere de que voy a grabar en Comedy Central. La gente que se acostumbra a vender la chocha denigra el trabajo honesto.

He sido extra y no sólo me he divertido grabando, sino que además grabé videos de Instagram para que los demás se diviertieran.

El trabajo dignifica. Todos los trabajos, menos ese que hace ella.

Una vaina es ser prostituta como Fantine, que pasaba hambre y otra vaina es ser prepago como Yexflinkys que lo que quería era montarse en un yate todos los fines de semana.

Las feminazis que vayan a decir que cada una puede hacer con su cuerpo lo que le dé la gana, vayan a otro blog a crucificar a otra gente. Ella puede hacer con su cuerpo lo que le dé la gana, pero yo puedo decir en mi blog lo que me da la gana también: bien que ella sea prepago, pero que no venga a mis castings a decir que es actriz. Line is fucking drawn.

Tren de pensamiento, chú chú. Mi tren de pensamiento no es poético como el Polar Express, está en el dolor como los trenes del Metro de Caracas.

Se los digo FOR REAL, Nuvaring me desapareció las pepas locas que me empezaron a salir en la cara como consecuencia de mi pico hormonal de treintona.

Evidentemente Nuvaring no me paga por decir esto, porque they don't fucking need me.

No me consta que sea increíble como birth control, porque I don't get laid as often as I would want, pero por lo menos para la piel es mágico.

Soy un Adulto en Entrenamiento, porque todas las lavadoras me confunden y tengo que estar de-ma-sia-do antojada de ponerme equis camisa para dignarme a enchufar la plancha.

Sigo pasando por la ruta nutricional de: claras de huevo y frutas en la mañana, pollo a la plancha y vegetales en la tarde, mismo pollo pero con ensalada de cena y seis kilos de Nutella y pan a las once de la noche cuando la ansiedad y la presión de ser inmigrante se adueñan de mí.

Ahora por lo menos tengo la excusa de la presión de ser inmigrante. En Venezuela era por gorda e insegura.

Cuando estoy triste los domingos la ruta en YouTube–no estoy pagando Netflix por pobreza, uno nunca sabe cuándo va a necesitar esa plata para comer–es: videos de perritos, preferiblemente pastores alemanes RRD como D'Artagnan, entrevistas de Amy Schumer y Louis CK y monólogos de ceremonias de Ricky Gervais, Tina y Amy y Billy Crystal. Old school es mejor, por eso Billy Crystal.

Extraño poder pagar todos los talleres y cursos de Venezuela. Eso era en Bs. Y cuando no podía me los pagaba mi papá.

Paaam paaammm papapapaaampaaam papapapaaampaaam papapapaaaam. Adivinen qué canción es.

No me da risa.

Eso sí.

A la única persona xenófoba que me he conseguido en Bogotá le hice un show de tal magnitud que ella más nunca en la puta vida va a decir que odia a los venezolanos en voz alta.

Yo no estoy aquí por gusto, ah? Uno no se va de su país a pasar trabajo en otro porque las vainas estén pepa en la patria propia, idiotas xenófobos del mundo.

Acabo de aprender que decir "xenofóbico" es incorrecto según la RAE. Hablamos de las mismas personas que le quitaron la tilde a sólo y contra ellos me rebelé en ese caso, pero hoy no.

El día que empecé a modificar mi comportamiento y mis palabras cosas buenas empezaron a pasar. Lamento todas las heridas y el daño que hice en 2014.

A ver, sigo pensando que son mediocres, pero ya no se los digo. Ni a ellos ni a los demás.

Por cierto, yo no digo nada behind your back que no sea capaz de decirte en tu cara.

A diferencia de estos pendejos que ya empezaron a hablar paja cuando todos sabemos que me merezco esto demasiado. They got lucky, I got talent.

viernes, 17 de febrero de 2017

Feliz mesiversario

Hoy cumplo seis meses aquí. No se sienten como seis meses, se sienten como seis pestañeos. Sí, hice trampa y me fui casi un mes a USA en diciembre, pero you get the point. 

En el fondo sé que tengo suerte, porque normalmente la gente que se va de Venezuela no logra ir a los tres meses a ver su cara en una pantalla gigante en el Trasnocho, ni asistir al estreno del proyecto más importante y satisfactorio de su carrera. También sé que casi nadie logra irse a Miami un mes a los tres meses de haber llegado, pero es que casi nadie tiene desde los doce años ahorrando para tener plata con la que cumplir el sueño de su vida, ser actriz en otro país que no es el suyo. 

Ese es el número: tengo desde los doce años ahorrando para no pasar trabajo y poder comer al menos tres veces al día. La vida cambia los planes, era comer en NYC, pero terminé en Bogotá. 

¿Me gusta Bogotá? 
Ayer no. Hoy tampoco. El martes sí, porque fui a un Bumble date con un tipo que me encanta. Ese día estaba muy sola y melancólica como ya expliqué antes. Creo que él también. Creo que nos acompañamos mutuamente y nos estamos dejando fluir. 

Tuve tres semanas chéveres, porque estaba on fire. Tenía tres semanas consecutivas grabando comerciales y eso me tenía contenta. Esta semana no. Eso sí, escribí mucho. Trabajé en proyectos para mí, tipo de los que siempre voy a hacer y nunca termino haciendo. 

El clima me ayudó a estar contenta. Había sol y calor rico. El sol, para mis amigos bogotanos, es esa estrella que hace posible la vida en la tierra, ustedes no la conocen porque aquí nunca se asoma, pero para los demás terrícolas es importante. Hubo días que no llovió. WHAT? Yo sé, rarísimo. 

Me preocupa la plata. Veo mis ahorros bajando como sin frenos por Tazón y me estreso. Me preocupa seguir viviendo con una pareja de amigos casados que se han hecho mi familia aquí. Quiero dejar de molestarlos pero por ahora es complicado mudarme. Bogotá es muuucho más barato que NYC, pero no es barato en general. 

Claro, aquí la plata rinde mucho más y no me van a matar en la calle, eso siempre es un plus. 

Me gusta Bogotá cuando puedo caminarla sin frío y cuando voy de un casting a otro. 

No me gusta Bogotá cuando el puto teléfono no suena. Sí, suena y a veces tengo callback, pero estoy cansada de esperar y de que la espera no rinda frutos, porque en los papeles que de verdad quiero no quedo. Los papeles que podrían cambiar mi carrera se los dan a otras actrices, que seguro han esperado y estudiado como yo, pero no deja de doler. 

Me gusta Bogotá porque la competencia es justa y las actrices son buenas. No son bichitas de sexycaracas.com que decidieron invadirnos, son tipas talentosas y simpáticas que me hacen extrañar a mis amigas de Venezuela. 

Casi todas mis amigas están en otros países. Creo que son felices, pero no me consta. Extraño la Venezuela de mis early twenties y de mi adolescencia. Extraño rumbear y saber que alguna de todas esas me llevará así sea cargada de la pea a mi cuarto. Extraño Le Club. Extraño tener plata para tomarme cinco vodkas en vez de dos guaros. El guaro sabe a Primperán. En el Mater nos daban Primperán hasta para los esguinces, como que "hey esto se va a vencer, tómate esto para el dolor de espalda que no se puede perder aquí." 

Hay amigos en Venezuela que extraño horrible. Formamos como una pequeña cofradía de actores y cantantes locos y hippies, nos reuníamos siempre en casas a tomar y acabábamos el trapo por aquello de que era más seguro quedarse hasta las seis que hasta las dos de la mañana. 

Extraño a D'Artagnan más de lo que extraño a mi familia, porque D'Artagnan es mi familia. Yo no lo parí, pero es mi hijo. Los que tienen perros entienden, los demás no y a los que tenemos perros no nos importa que no nos entiendan. Tenerlo me hizo mejor mujer. Fue como leer Harry Potter, que te abre el corazón y ya. Te hace empático, tolerante, comprensible, sensible, generoso, cuidadoso y mejor humano en general. 

Esta gente tiene una minimontaña que se llama Monserrate pero no la ves en toda la ciudad. Montaña que se respeta se ve desde cualquier parte. Extraño Sabasnieves y sus contradicciones. Su paz y sus peligros potenciales, me hacen falta. Me hace falta la adrenalina de esconderme el celular en las tetas... who am I kidding? Jajajaja no tengo escote para esconder nada. Esconder el celular abajo del asiento y sufrir cada vez que no pierdes una llamada. 

Me gusta el Internet veloz y tener Netflix en vez de saltar de link en link para ver una serie. Punto para Bogotá. 

Quiero adaptarme, de verdad. Pero no lo estoy logrando. 

Siempre leemos que emigrar es una montaña rusa de emociones, pero eso no es verdad. Es un tornado, como el del final de Twister con Helen Hunt. Es un tornado como el de Dorothy porque te arranca la casa y te corta las raíces de un solo tajo. Te atraviesa el corazón y te separa de todo lo que amas. Qué cagada lo que le tocó vivir a mi generación, de verdad. 

He hecho un esfuerzo por conservar mi acento. Eso ha hecho que pierda varios castings, pero no estoy lista. No soy reconocida por dejar ir y no quiero dejar ir a mi país nunca. Soy una embajadora de nuestras arepas, porque los rolos no rellenan las suyas. HIJOS DE PUTA; YOU ARE DOING IT WRONG. La arepa es como una vagina, tienes que abrirla y meterle algo más rico adentro. Jijiji, ese chiste es del stand up y en stand up funciona. 

Aquí descubrí algo que era obvio y evidente pero no había caído, nunca. Me gustan los Boys Clubs. Siempre he gravitado hacia ellos. Por eso jugué fútbol, por eso soy comediante, por eso estudié música. (No hablemos de cuánto extraño estudiar solfeo y armonía porque ahí sí me lanzo. Si me lanzo es de un piso dos y me voy es a fracturar en vez de matarme). Los comediantes en Colombia han sido la luz. La luz, la vida, la motivación, el apoyo, la risa y la felicidad. Cada vez que me quiero morir, que es a menudo, tengo show. Sólo esta semana tendré cinco. Tengo show y los veo y me cargan de energía y me dan palabras de aliento y me van a faltar vidas para agradecerles lo que hacen por mí sin saberlo. Ya no me quieren coger, ya aprendieron. Son mis amigos. Me quieren como yo a ellos y me respetan, me consiguen trabajo y me ayudan a conseguir la palabra colombiana correcta, me dan feedback, me hablan de lo que les gustó del material y lo que no. Es maravilloso, son la razón correcta para quedarme. 

Porque a veces quiero salir corriendo. Ayer tuve un breakdown y le dije a un amigo que si podía llevarme todas mis vainas me iba en dos semanas, porque viajo a Venezuela por un matrimonio. No me quería seguir endeudando pero no voy a dejar de ir a ver a mi amiga casarse con un hombre que la ama. Esta vez me voy una semana, porque fuck that shit. Tampoco es que esté haciendo mucho aquí y me gustaría usar el tiempo para engraparme a D'Artagnan, hablar con mi mami y comer su comida hasta rodar como un buñuelo, acompañar a mi papá así sea al trabajo, visitar a todos mis tíos y primos que siguen allá y hablar paja con mi Pitá. Una pitá es una tía que es más mamá que tía. 

El soundtrack de La La Land me acompaña en las peores noches. Escucho City of Stars en repeat en una ciudad donde sólo hay nubes. Sí, yo tampoco me ayudo. 

Durante mi niñez y adolescencia, tener un trabajo que me hiciera viajar a filmar y a pararme en escenarios alrededor de todo el mundo fue parte muy concreta de mis sueños. De mis metas, mejor dicho. Mi vocación siempre ha estado clara. Lo que nunca imaginé es que el viaje más duro sería el que hice al salir de mi país para cumplir el sueño de mi vida. Tuve que venirme para acá porque si me quedaba allá nunca me iba a ganar el Oscar. Esa mierda me destroza. Me destroza como cuando vi La La Land. 

Irme casi obligada. Bogotá fue un salvavidas, pero yo no me vine con un contrato arrechísimo, pero sí con la posibilidad de poder estar mejor. No sé si estoy mejor, es la verdad. Cada vez estoy menos triste, pero es paja que amo estar aquí todos los segundos, todos los días.  Lejos de mi gente, de mi familia, mi Ávila, mis tequeños y mis arepas. INSISTO QUE AQUÍ NO RELLENAN LAS AREPAS COMO ES, crimen de lesa humanidad. 

No me voy a devolver en dos semanas porque los afectos que dejé allá, aunque son enormes, no son suficientes. Yo no me imagino siendo nada que no sea actriz. No quiero ser otra cosa, no sé ser otra cosa. Aquí hay trabajo y suficiente calma en las noches para escribir. No hay balaceras que te desconcentren y te pongan a rezar por tu seguridad y la de los que te rodean. 

Me desmotiva que si no lo estoy logrando aquí, ¿cómo coño lo voy a lograr en NYC o L.A? La La Land es tan buena que me hizo pensar en LA como una opción, ¿quién lo hubiera pensado? 

Cuando me vine a Bogotá llevaba una bitácora semanal por Facebook sobre mi estado de ánimo. Me imagino que no seguir llevando esa cuenta es una bueña señal. 

Yo sé que sueno malcriada, pero también sé que en el fondo no lo soy. Feelings are feelings and every feeling is right, nobody can tell you that your feelings are wrong, me dijo una profe de Impro una vez en Chicago. 

It's too late to quit, now. Vamo' a hacerlo, porque no puedo echarme para atrás ahora.

martes, 14 de febrero de 2017

Valentine's me pone melancólica

¡Putearé este día comercial, impráctico, atravesado e inútil hasta como las tres de la tarde que alguno de los bichos de Bumble con los que estoy hablando me diga para hacer algo y entonces ahí sí será un día increíbleeeeeeee para ser románticos, porque all you need is loooove y así validaré mi existencia!

La Perfecta, una blogger de mi época, decía: "Diciembre me pone como Candy Candy, puta y melancólica." Así me pone Valentine's Day a mí. Me pone además muy hater, más hater de lo normal. Me pone a pensar en lo que me ha pasado y en lo que quiero que me pase. Me acuerdo de todos los tipos que me han gustado por esta fecha y busco en mi cabeza el momento exacto, el segundo que supe que no funcionaría. Me acuerdo de él, de ti, de ellos. Reviso conversaciones viejas de Whatsapp con hombres que me han amado y yo he querido, con hombres que nunca me quisieron aunque dijeran lo contrario, con hombres que me gustaron y me hicieron creer que yo les gustaba y después se me desaparecieron. Básicamente, este Día (infame) del Amor y la Amistad es un puto viernes, porque eso es lo que hago los viernes. Buscar evidencia en chats viejos de que alguna vez fui importante para alguien. Me pregunto todo lo que hubiera pasado y me imagino posibles escenarios. Vuelo a la realidad y me consigo, una vez más, blogging my feelings away. 

Las únicas que odiamos este día somos las que no tenemos con quien celebrarlo. He odiado este día todos los años, menos uno.  A ver, hagamos un recuento de los últimos: 

2016: hice un post de solterona chévere para redes. Recibí un regalito de Only Fit que fue maravilloso. Me frustré un porquito porque un bicho de Tinder se me acababa de desaparecer y puteé hasta a los pajaritos que cantaban ese día. 
2015: me gustaba burda un bicho que era el más patán de los patanes, a ver, perdón, es taaaan patán que nunca he hablado de él aquí porque me da pena conmigo. Lo conocí en 2014 que todos sabemos que fue el peor año de mi vida y por eso me excuso y refugio en el hecho de que estaba muy mal y por eso me gustó ese mamahuevo. Estaba ensayando full entonces no fue tan grave no salir. Hice un post cualquier vaina en Instagram que funcionó. 
2014: estaba llorando por the one who got away. Le ofrecí todo el amor que sólo una mujer tan intensa como yo puede ofrecer y no lo quiso. Además estaba gorda y tenía pepas. Todo mal. 
2013: todavía fumaba y estaba llegando de Costa Rica. Era flaca... No, no sólo era flaca, estaba muy buena, entonces no importaba nada. 
2012: no me acuerdo. 
2011: no me acuerdo. 
2010: no me acuero. 
2009: ya estudiaba con Elia, nothing else mattered. 
2008: acababa de terminar con el Anticristo. No exagero cuando digo que fue el peor Valentine's de mi vida, por aquello del espiral hasta la autodestrucción, las lágrimas de sangre y las ganas de morir. 
2007: quién sabe.
2006: menos.
2005: borracha en alguna parte, cuando todavía tenía amigas en Venezuela y hacíamos planes. 
2004: who the fudge knows? 
2003: AJÁ. 

Toda esta lista la hice para llegar hasta aquí. El año 2003, fue el año que me gradué del colegio, entré a la universidad y fue el primer y único Día del Amor que he pasado con novio en mi vida. Pongamos que tengo 16 años saliendo y conociendo gente. Tengo 16 años teniendo "criterio" (jaaaaaa) para hacer estas cosas de adulto, de tener noviecitos y eso. En 16 años sólo he celebrado un Valentine's enamorada de alguien y siendo el objeto de enamoramiento del otro. En 16 años, sólo he sido correspondida una vez durante estas fechas que quiero odiar de verdad con toda mi alma, pero no lo logro. 

Me acuerdo de que me regaló unas flores increíbles, una carta que me hizo llorar desde la primera línea y un peluche de Piolín abrazando un coraz... jajajajaa, se cagaron, ¿no? No soy marginal y él tampoco era. El peluche era como de un tigrito bebé y le puso su perfume. Ese olor es tan poderoso en mi memoria que mi amígdala cerebral lo reconoce de una no importa donde esté. He olido ese perfume en Caracas, Bogotá, Nueva York, Miami y Chicago y siempre, aunque han pasado más de diez años, logra ponerme nostálgica. 

Ese peluche es evidencia y testigo de que todo pasa. Yo soy un ejemplo andante de que todo pasa, créalo o no.  Algunos años después, cuando ese hombre y yo terminamos definitivamente y cambió lo que siempre pensé que mi vida iba a ser (y lo que yo quería que fuera) ese peluche fue estrujado, apretado, asfixiado, lanzado contra la pared y vuelto a abrazar una y otra vez por 347 noches. Fue mi peluche de lágrimas, porque me aferré a él y le lloré encima sin exagerar por todas esas noches seguidas, sin break, sin pausa, sin respiro, sin alivio y sin consuelo. Ahora no me acuerdo cómo se llamaba el tigrito del coño, pero fue tan importante para mí. Como mi relación, terminó en la basura cuando el primero de enero de 2009 decidí perder la esperanza y poco a poco mis lágrimas se llevaron con ellas el amor inmenso que sentía por ese hombre que me marcó la vida para siempre. Cuando vi Toy Story 3, comparé el final del oso morado que era el malo en la guardería con el destino del pobre tigrito, no se lo merecía. 

Esa noche celebramos yendo a cenar sushi en Las Cúpulas y dándonos los besos en el carro, como la adolescente virgen que era. Nunca más he estado enamorada como estuve enamorada de él. Si hay una sola cosa de la que me arrepiento es no haber sido más madura porque admito con vergüenza que en esa primera fase de nuestra relación, todavía era una carajita muy acomplejada, insegura y no sabía como demostrarle todo el amor que le tenía. De vez en cuando, me dejaba ser yo y amarlo con la fuerza de mil soles. Eran momentos, sólo momentos, de bajar la guardia. He debido darle todo en todos los momentos. Demostrarle toooodo el amor que le tenía cada segundo. Ese amor que sentí por muchos años más y casi me mata. He debido hacerle entender que yo me hubiera muerto por él. Hasta hace ocho años, me hubiera muerto por él. Como casi me mata, me imagino que lo sabe. Me arrepiento de no haberle dado todo y haberle demostrado día tras día que lo amaba como a nadie más he vuelto a amar. Tenía 17 años y jugaba a ser demasiado arrechita para el amor. No me entregué, no le dije sin vergüenza todo lo que sentía por él, no fue careless or free. Me protegí demasiado y cuidé las apariencias por aquello de no demostrar tanto. 

Ahora, a los 31, ya no me ando con esa mariquera. Ya entendí que cuando amas, hay que amar con todo. El juego es lindo y chévere y disimular es rico durante la conquista. Pero en lo que me enamoro, me entrego. No me interesa disimularlo más, ni esconderlo más, ni cuidarme más. Si no lo doy todo, me arrepiento. Ahí es cuando me arrepiento y paso meses sin dormir. Esa lección no se me olvidará nunca. 

 "I loved you. I should have told you. I thought you knew." 

El año antepasado estaba en el friendzone de un cabrón y por casualidades de la vida vi una película en la que Aubrey Plaza le decía eso al final de la peli al mejor amigo, cuando ya estaba yendo a buscar a la prota para declararle su amor incondicional en un marriage plot más o menos cómico. Me prometí a mí misma nunca más ser esa mujer. La que pudo hacer o decir algo antes, pero se le hizo tarde. No quiero que sea muy tarde para mí, nunca más. La posibilidad de ser un nosotros con el hombre correcto me emociona y creo que es algo que genuinamente quiero en mi futuro. Haré todo lo que tenga que hacer para lograrlo. 

El año pasado fui a cenar thai con una amiga en NYC y había un quote en el restaurante con el que me sentí demasiado identificada. 


Obviamente lo digo por lo de cocinar. Ja. 

Es así como decidí vivir mi vida después de haber privado al hombre que amaba de mi amor. Creo que pocas veces cometí ese error y me prometo no volver a cometerlo más nunca. No es justo para mí, porque de verdad termino como Ariana Dumbledore "the magic turned inward and drove her mad." Estoy crazy enough sin agregar eso, de pana. Entonces, mi plan es salir a la calle a ser carelessm wreckless and stupid para poder venir para acá a bloggear sobre corazones rotos que se curan, porque siempre nos curamos. 

Este post es para nosotras, las de los corazones ya no tan rotos, para las optimistas y para las que vamos por la vida con el corazón en la mano, buscando a quién dárselo. Mientras tanto, beban y tiren. Besitos.  

lunes, 16 de enero de 2017

¿Qué haces tú en Tinder?

Primero, todavía tengo Tinder pero ya no lo uso tanto porque es menos safe y menos digno que Bumble. 

–¿Qué es Bumble?–se preguntan ustedes en este momento. 
–Un Tinder más digno y más seguro–respondo yo. 
–¿Por qué? 
–Porque sólo la jeva puede iniciar la conversación una vez que dos personas se dan match, entonces no hay riesgo de que el primer mensaje que recibas sea una foto de un pene. 

Sí, en Tinder me ha pasado. 

Una sola vez. 

Lo bloqueé y lo reporté porque no se me ocurrió un comeback inteligente, sarcástico y cool como los que salen en listas de Buzzfeed.

Mi relación amorosa con Tinder empezó en NYC en otoño de 2013. Todas las comedias románticas empiezan en otoño o primavera, we were off to a great start. Conocí a un bicho que reunía las siguientes cualidades: estaba bueno, era bello, era cardiólogo de Mt. Sinai y yo le gustaba. Hola, ciudadanía americana, voy por ti. Mi sueño de ser una señora judía del Upper East Side estaba tan cerca que I could smell the challah! 

Mucha gente cree que Tinder es para tirar y tener flings, pero yo soy testigo de que también puedes conseguir real human connections. We did. We had a connection. Nos dimos like, nos hablamos, nos conocimos en persona, nos gustamos, nos dimos los besos, nos separamos, nos importamos mutuamente un rato (aaaadivinen a quién le importó más. Pista: no fue a él), me dijo que me fuera unos meses a vivir con él mientras se calmaban las guarimbas, yo me asusté, él perdió interés y yo todavía lo stalkeo de vez en cuando para saber si sigue viviendo con la novia que conoció después de mí también en Tinder. Y vivieron felices por siempre. Fin. Tadaaaaah! Mi punto es que las historias de Tinder pueden tener finales felices, aunque no sea para mí. 

Como soy intensa y malcriada me salí de Tinder. Cuando volví se había llenado de malandros y bolichicos en Venezuela y me volví a salir hasta el año pasado en enero. Heredé un celular digno que no se poteaba y lo primero que hice fue instalarlo. Hice match con el primer tipo que le di like. Mantengo hasta el día de hoy una racha invicta en Bumble y Tinder. Todavía no le he dado like al primero que no me lo haya devuelto. Del 1-10 en la vida real soy un 8,  del 1-10 en Tinder soy un 16.  
Una vez más salimos, nos besamos, nos gustamos, me llevó a hacer brunch con sus amigas, lo llevé a un matrimonio con los míos. Tenía la voz linda y me reía que jode a pesar de no ser un tipo que se ve cómico y jodedor de entrada, hablamos todo el día, todos los días, de todas las cosas, hasta que un día no me habló más. Empezó a salir con una de sus amigas del brunch. Cuando me enteré de eso entendí y perdoné a todas las exnovias y exculos de mis amigos que me odiaban desde que me conocían. Es verdad, yo sólo era amiga de mis amigos, pero hay mujeres y hombres que no. Fui el detonante y la claridad, fui el Momento Eureka para que dos amigos dejaran de ser amigos y asumieran que se gustaban. Qué lindo, fui Cupido accidental, maldita sea todo. 

 The only thing I regret de esta conexión– epa, un momentico, sí hubo una, yo no me la imaginé... Seh, ustedes están pensando que soy una loca, pero de pana que eso pasa en la vida real, no importa si empieza en tu celular o en un bar: las conexiones y los vínculos pueden hacerse más débiles hasta que desaparecen. Un día puede gustarte mucho alguien y unos días después resulta que ya no. Me cuentan que es así, porque normalmente a mí me siguen gustando long after they stop liking me. El punto es que yo le creí cuando fue chévere, caballeroso y lindo hasta que fue un pendejo, porque se sentía real. Como dije antes de tener que aclarar que no ocurrió todo en mi cabeza, lo único de lo que me arrepiento es que no hice show. Traté de hacerlo diferente a como normalmente lo hubiera hecho para obtener un resultado diferente y no me funcionó. He debido hacer un show en vez de escribirle que si "epa, es Nina, mira me has podido decir que estabas saliendo con tu amiga en vez de desaparecer, somos adultos y paja..." He debido gritarle y arrecharme, decirle hijo de puta, traidor, decirle que qué bolas pajúo yo te llevé a beber y comer Casa Mar gratis toda la noche, imbécil, no me merecía que me vieras la cara de huevona y que me dijeras que ya no querías salir conmigo sino con una versión destalentada de mí, etc etc. Gracias a Dios tengo un blog y puedo hacer show por aquí. 

Después, una vez más, en NYC, conocí Bumble. Salí con dos tipos de Bumble en Chicago– uno de ellos muy bello y muy chévere y muy in love hasta que no estuvimos más y otro con quien no hubo tanta química pero igualito me prestó un libro que se llama Modern Romance de Aziz Anzari. Hm, es como un cosmic coincidence que un tipo que conseguiste en un dating app te preste un libro con ese título.

Tengo muchas razones para seguir en dating apps. La primera, es que creo que son buenas herramientas para la gente que se muda sola a otro país. A veces uno necesita una razón no profesional para afeitarse las piernas, pues. También siempre existe la emocionante posibilidad de que te lleven a comer a un lugar que quieres ir pero no puedes pagar o que te brinden tragos que vengan en vasos, con ramitas, pitillos y hielo y no un aguardiente que sabe a remedio para la barriga, lo que puede pagar tu presupuesto de inmigrante. Es chévere salir a conocer una ciudad como la viven quienes sí son de aquí.

También me gusta que no hay expectativas. A ver, todos sabemos que las probabilidades apuntan hacia que la vaina puede ser un desastre, entonces vamos como en un estado limítrofe entre resignación y desidia. Suena horrible, pero no lo es jajaja. Todos tenemos nuestra llamada de emergencia cuadrada, todos tenemos plan B. No sabes si vas a desperdiciar un outfit en un psycho, no sabes si va a ser aburrido, no sabes si las fotos del perfil son de hace 20 años cuando tenía pelo y podía verse los pies. Él tampoco. Quizás le recuerdes a su exesposa o a su mamá, quizás odies los gatos (hola, sí), quizás no eres ni tan flaca ni tan joven como dijiste. No sabes con qué te vas a topar, pues y eso lo hace una aventura interesante de entrada.

De todas las razones, mi favorita es que no pueden saber quien eres de antemano. A ver, en los perfiles no sale tu apellido y es como raro pedir el apellido, es un unspoken rule que si estás pidiendo el apellido es para stalkear y nadie es fan de lo que lo stalkeen. En Venezuela me pasaba que los tipos que estaban interesados podían saber todo de mí en una llamada y tres mensajes de Whatsapp. Entonces un random Boboyola que ni me conocía me podía describir como que está loca, quiere ser actriz y se agarró a Fulano. FYI: no estoy loca, ustedes son demasiado uptight. No quiero ser actriz, SOY actriz. Y no me agarré a Fulano porque el huevón estaba tan drogado que se le olvidó que estaba conmigo y me dejó en Suka, muchacho pajúo. Como estos venezolanos pajúos lo que no lo saben lo inventan terminan siendo injustos y muy básicos a la hora de describir a una mujer tan... eeeem... ¿Particular? ¿Compleja? ¿Difícil? como yo y me da arrechera que ni en las calumnias me hagan justicia. 

Nunca he salido con un tipo de Tinder o de Bumble sólo para tirar. Por más que quiera ser la Amy Schumer del subdesarrollo creo que tirar por tirar no es lo mío. Ando en una de romance y compañía. Quiero vínculos y conexiones sinceras, reales que puedan fortalecerse y crecer. Quiero estar con un hombre que pueda admirar y que me rete intelectualmente. Yo sí sé que hay hombres normales ahí, los he conocido y besado borracha en areperas, bares y carros. Yo sí creo que hay tipos que no serían un mientras tanto, yo sí creo que no tengo que conformarme con el macho latinoamericano estándar que me rodeaba en Venezuela y ahora me rodea en Colombia.

Sigo en dating apps porque soy, en el fondo una princesa de Disney de la era 2.0: soy La Tinderita. 

NI bendecida ni afortunada, tenaz y disciplinada


Empecé 2017 con nostalgia por los finales, la emoción de tener nuevas oportunidades para hacer todo lo que siempre que digo que voy a hacer (y no hago) y con 3.5 kilos de más. En las primeras fotos del viaje que hicimos, soy una sílfide desnutrida y en la última soy como un buñuelo crudo, redondita y pálida. 

¡Ah! Ya la muchacha usa referencias bogotanas. Bueno, hay que adaptarse. Mi plan era llegar flaca como una niñita desnutrida del tercer mundo, pero miren, no tengo ni la determinación ni la fuerza de voluntad de Sascha Fitness todavía. Comer brócoli cuando los demás comen hallacas debe estar penado por ley. 

¿Cuáles eran los planes al empezar el año? Los planes eran hacer dieta después del 4, que más o menos cumplí; hacer ejercicio dos veces al día, que más o menos cumplí; tomar sol, que no pude porque hacía más frío en Miami que en San Antonio; comprar libros nuevos, que no cumplí porque me compré ropita y los libros los puedo bajar piratas y también sentarme a escribir que jode, cosa que estoy empezando a cumplir hoy. Yo lo hago todo, pero en delay. Dejé de fumar 10 días, volví. Paré 12 horas, volví. La sigo cagando y no sé cómo evitarlo. Si alguien tiene algún truco extra para luchar contra mi débil voluntad, por favor, lo necesito como nunca.

A pesar de todas esas cosas, el año empezó MUY bien. Yes, mayúsculas. Pero el cuento es largo y tengo que empezar por el principio, sopórtenme. En casi cinco meses en Bogotá, lo que más he hecho ha sido stand up. En 6 años en Venezuela, desde que empecé a hacer stand up, también hice más stand up de lo que he actuado. El stand up me ha ayudado a sobrevivir en términos económicos y emocionales, mucho más que la Carrera Madre, pues, que es la actuación. Entonces, vine a Bogotá dispuesta a usarla. 

Fun facts sobre el stand up en Bogotá: hay burda de comediantes buenos, bastantes locales y muchos teatros pero para variar no hay muchas comediantes mujeres. Cuando digo que no hay muchas es que conozco a tres. Sé que hay cuatro activas en circuitos, sin contarme a mí, pero a la otra no la conozco. ¿Por qué es eso? Por lo mismo que en todas partes del mundo, porque cuando somos chiquitas no nos celebran ser divertidas, cómicas o espontáneas, nos celebran ser lindas princesas observando como los niños se divierten y echan chistes desde un rinconcito de nuestros balcones imaginarios. 

Well, fuck that shit. A mí no me lo celebraron nunca, pero igual soy comediante aparte de actriz. 

Armada con mis chistes sobre no tener tetas–a pesar de que tengo tanto tiempo haciéndolos siguen funcionando y me siguen gustando–y una versión PDF del Comedy Bible, empecé a conocer comediantes aquí que se hicieron mis amigos. Me abrieron las puertas de sus locales, de sus circuitos y de sus corazones. Jodí, me reí, conocí esposas, novias, fui mal vista por dichas novias y esposas que no saben que yo no vuelvo a salir con ningún comediante más nunca en la puta vida porque esa gente está muy loca y es muy desadaptada, hice los chistes y fui el tema. Ya varios me trataron de invitar a salir, ya a todos los mandé a la mierda, ya varios me trataron de "ofrecer trabajo" invitándome a comer a las 11 de la noche– ¿de verdad? yo de huevona tengo sólo la cara, babies– pero en líneas generales son todos amados. Por aquello de que el gremio es chiquito, mejor dicho, diminuto como el pene de un hombre que le pega a una mujer, todos nos enteramos de que Comedy Central haría un casting en enero aquí en Bogotá. 

Muchos de mis nuevos compañeritos fueron oficialmente convocados a hacer el casting, a grabar el show que iría a manos de los que mandan y de ahí se decidiría quiénes grababan su propio especial. Obviamente empecé a preguntar qué debía hacer yo para hacer ese casting. Hubiera estado dispuesta a casi todo, menos a acostarme con el productor. Paja, me hubiera acostado con quien fuera. (Atención: eso es un chiste).  

Igual, el 18 de diciembre de 2016 recibí una llamada de esas que te hace volver a la vida. El productor del casting para nuevos comediantes en Comedy Central LatAm, me convocaba a estar en el callback. Yo no lo conocía pero mis colegas de aquí le hablaron de mí. Ellos me nombraron y por ellos me contactaron. La mejor sensación del mundo es que tu trabajo sea bueno y por eso gente que apenas te conoce y que podría ni inmutarse porque eres nueva, porque no eres de aquí, porque no has hecho las cosas como se hacen aquí, te hayan recomendado. Mis colegas fueron mis champions, publicistas y PR. Najadaaaaaa. Le conté a mi familia llorando, porque es el premio más lindo por la siembra más dura y el trabajo más hijo de puta que alguien pudiera tener. 

Ellos han podido omitir mi existencia. Han podido hablar de ellos y no de mí. Han podido recomendar gente que conocían antes de conocerme a mí, pero no lo hicieron. Estoy tratando de no comparar con Venezuela, pero mi experiencia en Venezuela fue muy distinta. Muy pocos comediantes éramos solidarios con los demás. Los que son, saben que son y los extraño todos los días. 

Sí, es verdad que yo no me he calado todas las verdes *en Colombia* pero ya me calé una parte en Venezuela. A mí no me da miedo pasarla mal, porque I've been through hell en el nombre de esta profesión que amo. No le tengo miedo a trabajar y seguir trabajando hasta que algo pase. Pero sí vengo con kilometraje, pues. No soy una nuevona y creo que me merecía estar en ese callback, se los juro. 

A ver, ya yo agarré un autobús semanal por La Bandera para ir a hacer reír gente que de todas todas me iba a subestimar de entrada, ya yo dormí en moteles dos veces por semana, ya yo recibí tres dólares como pago por viajar 6 horas, hacer el mejor show de la vida y volver a viajarlas de regreso, ya yo me monté en carritos sin aire acondicionado por 3 horas hasta Valencia, ya le dijeron en Burger Bar 369 Barquisimeto al host que no me llevara para allá porque "las mujeres no son cómicas," ya me gritaron varias veces "puta" en tarima por hablar de tirar en la rutina, ya un poco hombre que se cree comediante le dijo a nuestros compañeros de trabajo que me había cogido cuando ni un beso le he dado en su puta vida, ya vi como gente mucho menos talentosa que yo es reconocida por ser soez y vulgar en un país ordinario, ya me enfrenté al machismo y la misoginia y lo seguiré haciendo con gusto, ya–creo yo–debo haber hecho aunque sea a uno menos machista, ya otra comediante le dijo al dueño de un bar que qué bolas que yo me creía cómica por ser linda, ya vi como el público se le ríe a los famosos por ser famosos y no por ser buenos, ya fracasé en tarima por insegura, por no saberlo manejar, ya me bajaron a gritos, ya pasé tres minutos sin escuchar ni una sola risita, ya probé quién soy y qué quiero ser cuando me monto en un escenario, ya hice shows en medio de la crisis profesional más heavy de mi carrera, ya usé mi corazón roto para hacerlos reír y planeo seguirlo haciendo hasta el día que deje de respirar,  ya fui enratonada de un show a otro, ya dejé de beber por tener examen al día siguiente, ya me bajé sola de la tarima a llorar a mi habitación mientras mis amigos se tomaban selfies con las groupies, ya vi como en los circuitos en Venezuela el cerrador es hombre–casi siempre–no importa si tiene menos tiempo, material y talento que tú, ya vi que el cerrador no siempre es el mejor, sino el más "famoso," ya vi como gente que no sabe hacer stand up cree que puede hacer stand up porque tiene 100 mil seguidores más que yo, ya me odió la mitad del público por decir que el baseball me aburre, ya vi como llegaba más lejos el que tuviera padrino, ya tuve problemas con mis amigos por meterlos en mi rutina sin pedir permiso (más nunca volvió a pasar), ya me han amenazado por Twitter con violarme si sigo hablando mal del gobierno chavista que arruinó mi país, ya fui percibida como The Help porque mi trabajo es ir a entretener a los que rumbean, ya yo me leí todos los libros, ya yo pasé todas las horas necesarias escribiendo chistes de mierda para escribir uno solito que fuera bueno, ya entendí que no hay atajos, ya pasé horas en vela reescribiendo y reajustando, ya hice todo lo que ha estado en mi poder, ya me olvidé de cualquier mojón mental que haya podido tener en la vida, ya me eché encima a todo el sindicato de prepagos de la patria grande de Bolívar por decir la verdad, que es que ese trabajo no dignifica, a mí no me vengan a joder... Es evidente que aquí va un etcétera. 

Todas esas cosas se pueden resumir en la respuesta que le di a un pana que ese día me preguntó: 

–¿Cómo llegaste tú ahí? 
–Echándole un cerro de bola, darling