miércoles, 22 de febrero de 2017

Chuchú de pensamiento

I am falling in love with a guy I know is going to break my heart.

Estoy lavando la ropa en un centro comercial en Bogotá mientras escribo. No es tan lejos de donde vengo, pero igual me sorprende el desarrollo. Puedes sacar la laptop en centros comerciales, la lavandería tiene wifi y cualquier vaina puedo revisar el teléfono sin miedo.

Quién iba a pensar que Venezuela estaría así de mal, ever.

Ayer tuve show de stand up en un lugar en Bogotá que se llama A Seis Manos. Al final de mis cinco minutos (es un show con muchos comediantes, pocos minutos cada uno) me dieron una premisa para improvisar remates sobre ella en el momento. Fue muy fino poder ejercitar el músculo creativo de una, sin tener tiempo de pensar. Algunos chistes sí dieron risa y me sentí muy orgullosa de mí.

Para todos los que todavía leen el blog pero no me tienen en Facebook, hay buenas noticias. Fui seleccionada para grabar en el especial de stand up que se hará en Bogotá, con gente de aquí.

Tengo desde el 12 de febrero que hicimos el casting para grabar imaginándome el momento de la llamada. Me lo imaginaba como el día que Bettina Sheperd me dijo que sonaba muy bien y que "obviously you know some music, too." Me imaginaba llorando por todas las calles de Bogotá, abrazando extraños. No fue así, fue anticlimático.

¿Por qué fue anticlimático?
Porque yo sabía que me iban a llamar. Nunca en la puta vida había hecho un show como ese.

Las cosas llegan a ti cuando estás lista para recibirlas.

Si no hubiera comido tanto mierda o si hubiera sido más fácil, sería inmamable como las estrellas fugaces de lo que quienes lo integran creen que es el star system venezolano. Pero como dice George Harris, salen de El Doral y se mueren de hambre.

Si no fuera por la diáspora producto del fucking chavismo, estarían ahí clavados.

Todos los días le doy gracias a Dios porque mis papás pudieron pagar la educación que me trajo hasta aquí y me dieron los valores que permitieron que no me traicionara ni los defraudara en el camino.

Hay una sola cosita que me hace una pendeja: me muero por verle la cara a la prepago que trabajó conmigo en una obra de teatro y después me dijo "extra de RCTV" creyendo que eso me insultaría cuando se entere de que voy a grabar en Comedy Central. La gente que se acostumbra a vender la chocha denigra el trabajo honesto.

He sido extra y no sólo me he divertido grabando, sino que además grabé videos de Instagram para que los demás se diviertieran.

El trabajo dignifica. Todos los trabajos, menos ese que hace ella.

Una vaina es ser prostituta como Fantine, que pasaba hambre y otra vaina es ser prepago como Yexflinkys que lo que quería era montarse en un yate todos los fines de semana.

Las feminazis que vayan a decir que cada una puede hacer con su cuerpo lo que le dé la gana, vayan a otro blog a crucificar a otra gente. Ella puede hacer con su cuerpo lo que le dé la gana, pero yo puedo decir en mi blog lo que me da la gana también: bien que ella sea prepago, pero que no venga a mis castings a decir que es actriz. Line is fucking drawn.

Tren de pensamiento, chú chú. Mi tren de pensamiento no es poético como el Polar Express, está en el dolor como los trenes del Metro de Caracas.

Se los digo FOR REAL, Nuvaring me desapareció las pepas locas que me empezaron a salir en la cara como consecuencia de mi pico hormonal de treintona.

Evidentemente Nuvaring no me paga por decir esto, porque they don't fucking need me.

No me consta que sea increíble como birth control, porque I don't get laid as often as I would want, pero por lo menos para la piel es mágico.

Soy un Adulto en Entrenamiento, porque todas las lavadoras me confunden y tengo que estar de-ma-sia-do antojada de ponerme equis camisa para dignarme a enchufar la plancha.

Sigo pasando por la ruta nutricional de: claras de huevo y frutas en la mañana, pollo a la plancha y vegetales en la tarde, mismo pollo pero con ensalada de cena y seis kilos de Nutella y pan a las once de la noche cuando la ansiedad y la presión de ser inmigrante se adueñan de mí.

Ahora por lo menos tengo la excusa de la presión de ser inmigrante. En Venezuela era por gorda e insegura.

Cuando estoy triste los domingos la ruta en YouTube–no estoy pagando Netflix por pobreza, uno nunca sabe cuándo va a necesitar esa plata para comer–es: videos de perritos, preferiblemente pastores alemanes RRD como D'Artagnan, entrevistas de Amy Schumer y Louis CK y monólogos de ceremonias de Ricky Gervais, Tina y Amy y Billy Crystal. Old school es mejor, por eso Billy Crystal.

Extraño poder pagar todos los talleres y cursos de Venezuela. Eso era en Bs. Y cuando no podía me los pagaba mi papá.

Paaam paaammm papapapaaampaaam papapapaaampaaam papapapaaaam. Adivinen qué canción es.

No me da risa.

Eso sí.

A la única persona xenófoba que me he conseguido en Bogotá le hice un show de tal magnitud que ella más nunca en la puta vida va a decir que odia a los venezolanos en voz alta.

Yo no estoy aquí por gusto, ah? Uno no se va de su país a pasar trabajo en otro porque las vainas estén pepa en la patria propia, idiotas xenófobos del mundo.

Acabo de aprender que decir "xenofóbico" es incorrecto según la RAE. Hablamos de las mismas personas que le quitaron la tilde a sólo y contra ellos me rebelé en ese caso, pero hoy no.

El día que empecé a modificar mi comportamiento y mis palabras cosas buenas empezaron a pasar. Lamento todas las heridas y el daño que hice en 2014.

A ver, sigo pensando que son mediocres, pero ya no se los digo. Ni a ellos ni a los demás.

Por cierto, yo no digo nada behind your back que no sea capaz de decirte en tu cara.

A diferencia de estos pendejos que ya empezaron a hablar paja cuando todos sabemos que me merezco esto demasiado. They got lucky, I got talent.

viernes, 17 de febrero de 2017

Feliz mesiversario

Hoy cumplo seis meses aquí. No se sienten como seis meses, se sienten como seis pestañeos. Sí, hice trampa y me fui casi un mes a USA en diciembre, pero you get the point. 

En el fondo sé que tengo suerte, porque normalmente la gente que se va de Venezuela no logra ir a los tres meses a ver su cara en una pantalla gigante en el Trasnocho, ni asistir al estreno del proyecto más importante y satisfactorio de su carrera. También sé que casi nadie logra irse a Miami un mes a los tres meses de haber llegado, pero es que casi nadie tiene desde los doce años ahorrando para tener plata con la que cumplir el sueño de su vida, ser actriz en otro país que no es el suyo. 

Ese es el número: tengo desde los doce años ahorrando para no pasar trabajo y poder comer al menos tres veces al día. La vida cambia los planes, era comer en NYC, pero terminé en Bogotá. 

¿Me gusta Bogotá? 
Ayer no. Hoy tampoco. El martes sí, porque fui a un Bumble date con un tipo que me encanta. Ese día estaba muy sola y melancólica como ya expliqué antes. Creo que él también. Creo que nos acompañamos mutuamente y nos estamos dejando fluir. 

Tuve tres semanas chéveres, porque estaba on fire. Tenía tres semanas consecutivas grabando comerciales y eso me tenía contenta. Esta semana no. Eso sí, escribí mucho. Trabajé en proyectos para mí, tipo de los que siempre voy a hacer y nunca termino haciendo. 

El clima me ayudó a estar contenta. Había sol y calor rico. El sol, para mis amigos bogotanos, es esa estrella que hace posible la vida en la tierra, ustedes no la conocen porque aquí nunca se asoma, pero para los demás terrícolas es importante. Hubo días que no llovió. WHAT? Yo sé, rarísimo. 

Me preocupa la plata. Veo mis ahorros bajando como sin frenos por Tazón y me estreso. Me preocupa seguir viviendo con una pareja de amigos casados que se han hecho mi familia aquí. Quiero dejar de molestarlos pero por ahora es complicado mudarme. Bogotá es muuucho más barato que NYC, pero no es barato en general. 

Claro, aquí la plata rinde mucho más y no me van a matar en la calle, eso siempre es un plus. 

Me gusta Bogotá cuando puedo caminarla sin frío y cuando voy de un casting a otro. 

No me gusta Bogotá cuando el puto teléfono no suena. Sí, suena y a veces tengo callback, pero estoy cansada de esperar y de que la espera no rinda frutos, porque en los papeles que de verdad quiero no quedo. Los papeles que podrían cambiar mi carrera se los dan a otras actrices, que seguro han esperado y estudiado como yo, pero no deja de doler. 

Me gusta Bogotá porque la competencia es justa y las actrices son buenas. No son bichitas de sexycaracas.com que decidieron invadirnos, son tipas talentosas y simpáticas que me hacen extrañar a mis amigas de Venezuela. 

Casi todas mis amigas están en otros países. Creo que son felices, pero no me consta. Extraño la Venezuela de mis early twenties y de mi adolescencia. Extraño rumbear y saber que alguna de todas esas me llevará así sea cargada de la pea a mi cuarto. Extraño Le Club. Extraño tener plata para tomarme cinco vodkas en vez de dos guaros. El guaro sabe a Primperán. En el Mater nos daban Primperán hasta para los esguinces, como que "hey esto se va a vencer, tómate esto para el dolor de espalda que no se puede perder aquí." 

Hay amigos en Venezuela que extraño horrible. Formamos como una pequeña cofradía de actores y cantantes locos y hippies, nos reuníamos siempre en casas a tomar y acabábamos el trapo por aquello de que era más seguro quedarse hasta las seis que hasta las dos de la mañana. 

Extraño a D'Artagnan más de lo que extraño a mi familia, porque D'Artagnan es mi familia. Yo no lo parí, pero es mi hijo. Los que tienen perros entienden, los demás no y a los que tenemos perros no nos importa que no nos entiendan. Tenerlo me hizo mejor mujer. Fue como leer Harry Potter, que te abre el corazón y ya. Te hace empático, tolerante, comprensible, sensible, generoso, cuidadoso y mejor humano en general. 

Esta gente tiene una minimontaña que se llama Monserrate pero no la ves en toda la ciudad. Montaña que se respeta se ve desde cualquier parte. Extraño Sabasnieves y sus contradicciones. Su paz y sus peligros potenciales, me hacen falta. Me hace falta la adrenalina de esconderme el celular en las tetas... who am I kidding? Jajajaja no tengo escote para esconder nada. Esconder el celular abajo del asiento y sufrir cada vez que no pierdes una llamada. 

Me gusta el Internet veloz y tener Netflix en vez de saltar de link en link para ver una serie. Punto para Bogotá. 

Quiero adaptarme, de verdad. Pero no lo estoy logrando. 

Siempre leemos que emigrar es una montaña rusa de emociones, pero eso no es verdad. Es un tornado, como el del final de Twister con Helen Hunt. Es un tornado como el de Dorothy porque te arranca la casa y te corta las raíces de un solo tajo. Te atraviesa el corazón y te separa de todo lo que amas. Qué cagada lo que le tocó vivir a mi generación, de verdad. 

He hecho un esfuerzo por conservar mi acento. Eso ha hecho que pierda varios castings, pero no estoy lista. No soy reconocida por dejar ir y no quiero dejar ir a mi país nunca. Soy una embajadora de nuestras arepas, porque los rolos no rellenan las suyas. HIJOS DE PUTA; YOU ARE DOING IT WRONG. La arepa es como una vagina, tienes que abrirla y meterle algo más rico adentro. Jijiji, ese chiste es del stand up y en stand up funciona. 

Aquí descubrí algo que era obvio y evidente pero no había caído, nunca. Me gustan los Boys Clubs. Siempre he gravitado hacia ellos. Por eso jugué fútbol, por eso soy comediante, por eso estudié música. (No hablemos de cuánto extraño estudiar solfeo y armonía porque ahí sí me lanzo. Si me lanzo es de un piso dos y me voy es a fracturar en vez de matarme). Los comediantes en Colombia han sido la luz. La luz, la vida, la motivación, el apoyo, la risa y la felicidad. Cada vez que me quiero morir, que es a menudo, tengo show. Sólo esta semana tendré cinco. Tengo show y los veo y me cargan de energía y me dan palabras de aliento y me van a faltar vidas para agradecerles lo que hacen por mí sin saberlo. Ya no me quieren coger, ya aprendieron. Son mis amigos. Me quieren como yo a ellos y me respetan, me consiguen trabajo y me ayudan a conseguir la palabra colombiana correcta, me dan feedback, me hablan de lo que les gustó del material y lo que no. Es maravilloso, son la razón correcta para quedarme. 

Porque a veces quiero salir corriendo. Ayer tuve un breakdown y le dije a un amigo que si podía llevarme todas mis vainas me iba en dos semanas, porque viajo a Venezuela por un matrimonio. No me quería seguir endeudando pero no voy a dejar de ir a ver a mi amiga casarse con un hombre que la ama. Esta vez me voy una semana, porque fuck that shit. Tampoco es que esté haciendo mucho aquí y me gustaría usar el tiempo para engraparme a D'Artagnan, hablar con mi mami y comer su comida hasta rodar como un buñuelo, acompañar a mi papá así sea al trabajo, visitar a todos mis tíos y primos que siguen allá y hablar paja con mi Pitá. Una pitá es una tía que es más mamá que tía. 

El soundtrack de La La Land me acompaña en las peores noches. Escucho City of Stars en repeat en una ciudad donde sólo hay nubes. Sí, yo tampoco me ayudo. 

Durante mi niñez y adolescencia, tener un trabajo que me hiciera viajar a filmar y a pararme en escenarios alrededor de todo el mundo fue parte muy concreta de mis sueños. De mis metas, mejor dicho. Mi vocación siempre ha estado clara. Lo que nunca imaginé es que el viaje más duro sería el que hice al salir de mi país para cumplir el sueño de mi vida. Tuve que venirme para acá porque si me quedaba allá nunca me iba a ganar el Oscar. Esa mierda me destroza. Me destroza como cuando vi La La Land. 

Irme casi obligada. Bogotá fue un salvavidas, pero yo no me vine con un contrato arrechísimo, pero sí con la posibilidad de poder estar mejor. No sé si estoy mejor, es la verdad. Cada vez estoy menos triste, pero es paja que amo estar aquí todos los segundos, todos los días.  Lejos de mi gente, de mi familia, mi Ávila, mis tequeños y mis arepas. INSISTO QUE AQUÍ NO RELLENAN LAS AREPAS COMO ES, crimen de lesa humanidad. 

No me voy a devolver en dos semanas porque los afectos que dejé allá, aunque son enormes, no son suficientes. Yo no me imagino siendo nada que no sea actriz. No quiero ser otra cosa, no sé ser otra cosa. Aquí hay trabajo y suficiente calma en las noches para escribir. No hay balaceras que te desconcentren y te pongan a rezar por tu seguridad y la de los que te rodean. 

Me desmotiva que si no lo estoy logrando aquí, ¿cómo coño lo voy a lograr en NYC o L.A? La La Land es tan buena que me hizo pensar en LA como una opción, ¿quién lo hubiera pensado? 

Cuando me vine a Bogotá llevaba una bitácora semanal por Facebook sobre mi estado de ánimo. Me imagino que no seguir llevando esa cuenta es una bueña señal. 

Yo sé que sueno malcriada, pero también sé que en el fondo no lo soy. Feelings are feelings and every feeling is right, nobody can tell you that your feelings are wrong, me dijo una profe de Impro una vez en Chicago. 

It's too late to quit, now. Vamo' a hacerlo, porque no puedo echarme para atrás ahora.

martes, 14 de febrero de 2017

Valentine's me pone melancólica

¡Putearé este día comercial, impráctico, atravesado e inútil hasta como las tres de la tarde que alguno de los bichos de Bumble con los que estoy hablando me diga para hacer algo y entonces ahí sí será un día increíbleeeeeeee para ser románticos, porque all you need is loooove y así validaré mi existencia!

La Perfecta, una blogger de mi época, decía: "Diciembre me pone como Candy Candy, puta y melancólica." Así me pone Valentine's Day a mí. Me pone además muy hater, más hater de lo normal. Me pone a pensar en lo que me ha pasado y en lo que quiero que me pase. Me acuerdo de todos los tipos que me han gustado por esta fecha y busco en mi cabeza el momento exacto, el segundo que supe que no funcionaría. Me acuerdo de él, de ti, de ellos. Reviso conversaciones viejas de Whatsapp con hombres que me han amado y yo he querido, con hombres que nunca me quisieron aunque dijeran lo contrario, con hombres que me gustaron y me hicieron creer que yo les gustaba y después se me desaparecieron. Básicamente, este Día (infame) del Amor y la Amistad es un puto viernes, porque eso es lo que hago los viernes. Buscar evidencia en chats viejos de que alguna vez fui importante para alguien. Me pregunto todo lo que hubiera pasado y me imagino posibles escenarios. Vuelo a la realidad y me consigo, una vez más, blogging my feelings away. 

Las únicas que odiamos este día somos las que no tenemos con quien celebrarlo. He odiado este día todos los años, menos uno.  A ver, hagamos un recuento de los últimos: 

2016: hice un post de solterona chévere para redes. Recibí un regalito de Only Fit que fue maravilloso. Me frustré un porquito porque un bicho de Tinder se me acababa de desaparecer y puteé hasta a los pajaritos que cantaban ese día. 
2015: me gustaba burda un bicho que era el más patán de los patanes, a ver, perdón, es taaaan patán que nunca he hablado de él aquí porque me da pena conmigo. Lo conocí en 2014 que todos sabemos que fue el peor año de mi vida y por eso me excuso y refugio en el hecho de que estaba muy mal y por eso me gustó ese mamahuevo. Estaba ensayando full entonces no fue tan grave no salir. Hice un post cualquier vaina en Instagram que funcionó. 
2014: estaba llorando por the one who got away. Le ofrecí todo el amor que sólo una mujer tan intensa como yo puede ofrecer y no lo quiso. Además estaba gorda y tenía pepas. Todo mal. 
2013: todavía fumaba y estaba llegando de Costa Rica. Era flaca... No, no sólo era flaca, estaba muy buena, entonces no importaba nada. 
2012: no me acuerdo. 
2011: no me acuerdo. 
2010: no me acuero. 
2009: ya estudiaba con Elia, nothing else mattered. 
2008: acababa de terminar con el Anticristo. No exagero cuando digo que fue el peor Valentine's de mi vida, por aquello del espiral hasta la autodestrucción, las lágrimas de sangre y las ganas de morir. 
2007: quién sabe.
2006: menos.
2005: borracha en alguna parte, cuando todavía tenía amigas en Venezuela y hacíamos planes. 
2004: who the fudge knows? 
2003: AJÁ. 

Toda esta lista la hice para llegar hasta aquí. El año 2003, fue el año que me gradué del colegio, entré a la universidad y fue el primer y único Día del Amor que he pasado con novio en mi vida. Pongamos que tengo 16 años saliendo y conociendo gente. Tengo 16 años teniendo "criterio" (jaaaaaa) para hacer estas cosas de adulto, de tener noviecitos y eso. En 16 años sólo he celebrado un Valentine's enamorada de alguien y siendo el objeto de enamoramiento del otro. En 16 años, sólo he sido correspondida una vez durante estas fechas que quiero odiar de verdad con toda mi alma, pero no lo logro. 

Me acuerdo de que me regaló unas flores increíbles, una carta que me hizo llorar desde la primera línea y un peluche de Piolín abrazando un coraz... jajajajaa, se cagaron, ¿no? No soy marginal y él tampoco era. El peluche era como de un tigrito bebé y le puso su perfume. Ese olor es tan poderoso en mi memoria que mi amígdala cerebral lo reconoce de una no importa donde esté. He olido ese perfume en Caracas, Bogotá, Nueva York, Miami y Chicago y siempre, aunque han pasado más de diez años, logra ponerme nostálgica. 

Ese peluche es evidencia y testigo de que todo pasa. Yo soy un ejemplo andante de que todo pasa, créalo o no.  Algunos años después, cuando ese hombre y yo terminamos definitivamente y cambió lo que siempre pensé que mi vida iba a ser (y lo que yo quería que fuera) ese peluche fue estrujado, apretado, asfixiado, lanzado contra la pared y vuelto a abrazar una y otra vez por 347 noches. Fue mi peluche de lágrimas, porque me aferré a él y le lloré encima sin exagerar por todas esas noches seguidas, sin break, sin pausa, sin respiro, sin alivio y sin consuelo. Ahora no me acuerdo cómo se llamaba el tigrito del coño, pero fue tan importante para mí. Como mi relación, terminó en la basura cuando el primero de enero de 2009 decidí perder la esperanza y poco a poco mis lágrimas se llevaron con ellas el amor inmenso que sentía por ese hombre que me marcó la vida para siempre. Cuando vi Toy Story 3, comparé el final del oso morado que era el malo en la guardería con el destino del pobre tigrito, no se lo merecía. 

Esa noche celebramos yendo a cenar sushi en Las Cúpulas y dándonos los besos en el carro, como la adolescente virgen que era. Nunca más he estado enamorada como estuve enamorada de él. Si hay una sola cosa de la que me arrepiento es no haber sido más madura porque admito con vergüenza que en esa primera fase de nuestra relación, todavía era una carajita muy acomplejada, insegura y no sabía como demostrarle todo el amor que le tenía. De vez en cuando, me dejaba ser yo y amarlo con la fuerza de mil soles. Eran momentos, sólo momentos, de bajar la guardia. He debido darle todo en todos los momentos. Demostrarle toooodo el amor que le tenía cada segundo. Ese amor que sentí por muchos años más y casi me mata. He debido hacerle entender que yo me hubiera muerto por él. Hasta hace ocho años, me hubiera muerto por él. Como casi me mata, me imagino que lo sabe. Me arrepiento de no haberle dado todo y haberle demostrado día tras día que lo amaba como a nadie más he vuelto a amar. Tenía 17 años y jugaba a ser demasiado arrechita para el amor. No me entregué, no le dije sin vergüenza todo lo que sentía por él, no fue careless or free. Me protegí demasiado y cuidé las apariencias por aquello de no demostrar tanto. 

Ahora, a los 31, ya no me ando con esa mariquera. Ya entendí que cuando amas, hay que amar con todo. El juego es lindo y chévere y disimular es rico durante la conquista. Pero en lo que me enamoro, me entrego. No me interesa disimularlo más, ni esconderlo más, ni cuidarme más. Si no lo doy todo, me arrepiento. Ahí es cuando me arrepiento y paso meses sin dormir. Esa lección no se me olvidará nunca. 

 "I loved you. I should have told you. I thought you knew." 

El año antepasado estaba en el friendzone de un cabrón y por casualidades de la vida vi una película en la que Aubrey Plaza le decía eso al final de la peli al mejor amigo, cuando ya estaba yendo a buscar a la prota para declararle su amor incondicional en un marriage plot más o menos cómico. Me prometí a mí misma nunca más ser esa mujer. La que pudo hacer o decir algo antes, pero se le hizo tarde. No quiero que sea muy tarde para mí, nunca más. La posibilidad de ser un nosotros con el hombre correcto me emociona y creo que es algo que genuinamente quiero en mi futuro. Haré todo lo que tenga que hacer para lograrlo. 

El año pasado fui a cenar thai con una amiga en NYC y había un quote en el restaurante con el que me sentí demasiado identificada. 


Obviamente lo digo por lo de cocinar. Ja. 

Es así como decidí vivir mi vida después de haber privado al hombre que amaba de mi amor. Creo que pocas veces cometí ese error y me prometo no volver a cometerlo más nunca. No es justo para mí, porque de verdad termino como Ariana Dumbledore "the magic turned inward and drove her mad." Estoy crazy enough sin agregar eso, de pana. Entonces, mi plan es salir a la calle a ser carelessm wreckless and stupid para poder venir para acá a bloggear sobre corazones rotos que se curan, porque siempre nos curamos. 

Este post es para nosotras, las de los corazones ya no tan rotos, para las optimistas y para las que vamos por la vida con el corazón en la mano, buscando a quién dárselo. Mientras tanto, beban y tiren. Besitos.  

lunes, 16 de enero de 2017

¿Qué haces tú en Tinder?

Primero, todavía tengo Tinder pero ya no lo uso tanto porque es menos safe y menos digno que Bumble. 

–¿Qué es Bumble?–se preguntan ustedes en este momento. 
–Un Tinder más digno y más seguro–respondo yo. 
–¿Por qué? 
–Porque sólo la jeva puede iniciar la conversación una vez que dos personas se dan match, entonces no hay riesgo de que el primer mensaje que recibas sea una foto de un pene. 

Sí, en Tinder me ha pasado. 

Una sola vez. 

Lo bloqueé y lo reporté porque no se me ocurrió un comeback inteligente, sarcástico y cool como los que salen en listas de Buzzfeed.

Mi relación amorosa con Tinder empezó en NYC en otoño de 2013. Todas las comedias románticas empiezan en otoño o primavera, we were off to a great start. Conocí a un bicho que reunía las siguientes cualidades: estaba bueno, era bello, era cardiólogo de Mt. Sinai y yo le gustaba. Hola, ciudadanía americana, voy por ti. Mi sueño de ser una señora judía del Upper East Side estaba tan cerca que I could smell the challah! 

Mucha gente cree que Tinder es para tirar y tener flings, pero yo soy testigo de que también puedes conseguir real human connections. We did. We had a connection. Nos dimos like, nos hablamos, nos conocimos en persona, nos gustamos, nos dimos los besos, nos separamos, nos importamos mutuamente un rato (aaaadivinen a quién le importó más. Pista: no fue a él), me dijo que me fuera unos meses a vivir con él mientras se calmaban las guarimbas, yo me asusté, él perdió interés y yo todavía lo stalkeo de vez en cuando para saber si sigue viviendo con la novia que conoció después de mí también en Tinder. Y vivieron felices por siempre. Fin. Tadaaaaah! Mi punto es que las historias de Tinder pueden tener finales felices, aunque no sea para mí. 

Como soy intensa y malcriada me salí de Tinder. Cuando volví se había llenado de malandros y bolichicos en Venezuela y me volví a salir hasta el año pasado en enero. Heredé un celular digno que no se poteaba y lo primero que hice fue instalarlo. Hice match con el primer tipo que le di like. Mantengo hasta el día de hoy una racha invicta en Bumble y Tinder. Todavía no le he dado like al primero que no me lo haya devuelto. Del 1-10 en la vida real soy un 8,  del 1-10 en Tinder soy un 16.  
Una vez más salimos, nos besamos, nos gustamos, me llevó a hacer brunch con sus amigas, lo llevé a un matrimonio con los míos. Tenía la voz linda y me reía que jode a pesar de no ser un tipo que se ve cómico y jodedor de entrada, hablamos todo el día, todos los días, de todas las cosas, hasta que un día no me habló más. Empezó a salir con una de sus amigas del brunch. Cuando me enteré de eso entendí y perdoné a todas las exnovias y exculos de mis amigos que me odiaban desde que me conocían. Es verdad, yo sólo era amiga de mis amigos, pero hay mujeres y hombres que no. Fui el detonante y la claridad, fui el Momento Eureka para que dos amigos dejaran de ser amigos y asumieran que se gustaban. Qué lindo, fui Cupido accidental, maldita sea todo. 

 The only thing I regret de esta conexión– epa, un momentico, sí hubo una, yo no me la imaginé... Seh, ustedes están pensando que soy una loca, pero de pana que eso pasa en la vida real, no importa si empieza en tu celular o en un bar: las conexiones y los vínculos pueden hacerse más débiles hasta que desaparecen. Un día puede gustarte mucho alguien y unos días después resulta que ya no. Me cuentan que es así, porque normalmente a mí me siguen gustando long after they stop liking me. El punto es que yo le creí cuando fue chévere, caballeroso y lindo hasta que fue un pendejo, porque se sentía real. Como dije antes de tener que aclarar que no ocurrió todo en mi cabeza, lo único de lo que me arrepiento es que no hice show. Traté de hacerlo diferente a como normalmente lo hubiera hecho para obtener un resultado diferente y no me funcionó. He debido hacer un show en vez de escribirle que si "epa, es Nina, mira me has podido decir que estabas saliendo con tu amiga en vez de desaparecer, somos adultos y paja..." He debido gritarle y arrecharme, decirle hijo de puta, traidor, decirle que qué bolas pajúo yo te llevé a beber y comer Casa Mar gratis toda la noche, imbécil, no me merecía que me vieras la cara de huevona y que me dijeras que ya no querías salir conmigo sino con una versión destalentada de mí, etc etc. Gracias a Dios tengo un blog y puedo hacer show por aquí. 

Después, una vez más, en NYC, conocí Bumble. Salí con dos tipos de Bumble en Chicago– uno de ellos muy bello y muy chévere y muy in love hasta que no estuvimos más y otro con quien no hubo tanta química pero igualito me prestó un libro que se llama Modern Romance de Aziz Anzari. Hm, es como un cosmic coincidence que un tipo que conseguiste en un dating app te preste un libro con ese título.

Tengo muchas razones para seguir en dating apps. La primera, es que creo que son buenas herramientas para la gente que se muda sola a otro país. A veces uno necesita una razón no profesional para afeitarse las piernas, pues. También siempre existe la emocionante posibilidad de que te lleven a comer a un lugar que quieres ir pero no puedes pagar o que te brinden tragos que vengan en vasos, con ramitas, pitillos y hielo y no un aguardiente que sabe a remedio para la barriga, lo que puede pagar tu presupuesto de inmigrante. Es chévere salir a conocer una ciudad como la viven quienes sí son de aquí.

También me gusta que no hay expectativas. A ver, todos sabemos que las probabilidades apuntan hacia que la vaina puede ser un desastre, entonces vamos como en un estado limítrofe entre resignación y desidia. Suena horrible, pero no lo es jajaja. Todos tenemos nuestra llamada de emergencia cuadrada, todos tenemos plan B. No sabes si vas a desperdiciar un outfit en un psycho, no sabes si va a ser aburrido, no sabes si las fotos del perfil son de hace 20 años cuando tenía pelo y podía verse los pies. Él tampoco. Quizás le recuerdes a su exesposa o a su mamá, quizás odies los gatos (hola, sí), quizás no eres ni tan flaca ni tan joven como dijiste. No sabes con qué te vas a topar, pues y eso lo hace una aventura interesante de entrada.

De todas las razones, mi favorita es que no pueden saber quien eres de antemano. A ver, en los perfiles no sale tu apellido y es como raro pedir el apellido, es un unspoken rule que si estás pidiendo el apellido es para stalkear y nadie es fan de lo que lo stalkeen. En Venezuela me pasaba que los tipos que estaban interesados podían saber todo de mí en una llamada y tres mensajes de Whatsapp. Entonces un random Boboyola que ni me conocía me podía describir como que está loca, quiere ser actriz y se agarró a Fulano. FYI: no estoy loca, ustedes son demasiado uptight. No quiero ser actriz, SOY actriz. Y no me agarré a Fulano porque el huevón estaba tan drogado que se le olvidó que estaba conmigo y me dejó en Suka, muchacho pajúo. Como estos venezolanos pajúos lo que no lo saben lo inventan terminan siendo injustos y muy básicos a la hora de describir a una mujer tan... eeeem... ¿Particular? ¿Compleja? ¿Difícil? como yo y me da arrechera que ni en las calumnias me hagan justicia. 

Nunca he salido con un tipo de Tinder o de Bumble sólo para tirar. Por más que quiera ser la Amy Schumer del subdesarrollo creo que tirar por tirar no es lo mío. Ando en una de romance y compañía. Quiero vínculos y conexiones sinceras, reales que puedan fortalecerse y crecer. Quiero estar con un hombre que pueda admirar y que me rete intelectualmente. Yo sí sé que hay hombres normales ahí, los he conocido y besado borracha en areperas, bares y carros. Yo sí creo que hay tipos que no serían un mientras tanto, yo sí creo que no tengo que conformarme con el macho latinoamericano estándar que me rodeaba en Venezuela y ahora me rodea en Colombia.

Sigo en dating apps porque soy, en el fondo una princesa de Disney de la era 2.0: soy La Tinderita. 

NI bendecida ni afortunada, tenaz y disciplinada


Empecé 2017 con nostalgia por los finales, la emoción de tener nuevas oportunidades para hacer todo lo que siempre que digo que voy a hacer (y no hago) y con 3.5 kilos de más. En las primeras fotos del viaje que hicimos, soy una sílfide desnutrida y en la última soy como un buñuelo crudo, redondita y pálida. 

¡Ah! Ya la muchacha usa referencias bogotanas. Bueno, hay que adaptarse. Mi plan era llegar flaca como una niñita desnutrida del tercer mundo, pero miren, no tengo ni la determinación ni la fuerza de voluntad de Sascha Fitness todavía. Comer brócoli cuando los demás comen hallacas debe estar penado por ley. 

¿Cuáles eran los planes al empezar el año? Los planes eran hacer dieta después del 4, que más o menos cumplí; hacer ejercicio dos veces al día, que más o menos cumplí; tomar sol, que no pude porque hacía más frío en Miami que en San Antonio; comprar libros nuevos, que no cumplí porque me compré ropita y los libros los puedo bajar piratas y también sentarme a escribir que jode, cosa que estoy empezando a cumplir hoy. Yo lo hago todo, pero en delay. Dejé de fumar 10 días, volví. Paré 12 horas, volví. La sigo cagando y no sé cómo evitarlo. Si alguien tiene algún truco extra para luchar contra mi débil voluntad, por favor, lo necesito como nunca.

A pesar de todas esas cosas, el año empezó MUY bien. Yes, mayúsculas. Pero el cuento es largo y tengo que empezar por el principio, sopórtenme. En casi cinco meses en Bogotá, lo que más he hecho ha sido stand up. En 6 años en Venezuela, desde que empecé a hacer stand up, también hice más stand up de lo que he actuado. El stand up me ha ayudado a sobrevivir en términos económicos y emocionales, mucho más que la Carrera Madre, pues, que es la actuación. Entonces, vine a Bogotá dispuesta a usarla. 

Fun facts sobre el stand up en Bogotá: hay burda de comediantes buenos, bastantes locales y muchos teatros pero para variar no hay muchas comediantes mujeres. Cuando digo que no hay muchas es que conozco a tres. Sé que hay cuatro activas en circuitos, sin contarme a mí, pero a la otra no la conozco. ¿Por qué es eso? Por lo mismo que en todas partes del mundo, porque cuando somos chiquitas no nos celebran ser divertidas, cómicas o espontáneas, nos celebran ser lindas princesas observando como los niños se divierten y echan chistes desde un rinconcito de nuestros balcones imaginarios. 

Well, fuck that shit. A mí no me lo celebraron nunca, pero igual soy comediante aparte de actriz. 

Armada con mis chistes sobre no tener tetas–a pesar de que tengo tanto tiempo haciéndolos siguen funcionando y me siguen gustando–y una versión PDF del Comedy Bible, empecé a conocer comediantes aquí que se hicieron mis amigos. Me abrieron las puertas de sus locales, de sus circuitos y de sus corazones. Jodí, me reí, conocí esposas, novias, fui mal vista por dichas novias y esposas que no saben que yo no vuelvo a salir con ningún comediante más nunca en la puta vida porque esa gente está muy loca y es muy desadaptada, hice los chistes y fui el tema. Ya varios me trataron de invitar a salir, ya a todos los mandé a la mierda, ya varios me trataron de "ofrecer trabajo" invitándome a comer a las 11 de la noche– ¿de verdad? yo de huevona tengo sólo la cara, babies– pero en líneas generales son todos amados. Por aquello de que el gremio es chiquito, mejor dicho, diminuto como el pene de un hombre que le pega a una mujer, todos nos enteramos de que Comedy Central haría un casting en enero aquí en Bogotá. 

Muchos de mis nuevos compañeritos fueron oficialmente convocados a hacer el casting, a grabar el show que iría a manos de los que mandan y de ahí se decidiría quiénes grababan su propio especial. Obviamente empecé a preguntar qué debía hacer yo para hacer ese casting. Hubiera estado dispuesta a casi todo, menos a acostarme con el productor. Paja, me hubiera acostado con quien fuera. (Atención: eso es un chiste).  

Igual, el 18 de diciembre de 2016 recibí una llamada de esas que te hace volver a la vida. El productor del casting para nuevos comediantes en Comedy Central LatAm, me convocaba a estar en el callback. Yo no lo conocía pero mis colegas de aquí le hablaron de mí. Ellos me nombraron y por ellos me contactaron. La mejor sensación del mundo es que tu trabajo sea bueno y por eso gente que apenas te conoce y que podría ni inmutarse porque eres nueva, porque no eres de aquí, porque no has hecho las cosas como se hacen aquí, te hayan recomendado. Mis colegas fueron mis champions, publicistas y PR. Najadaaaaaa. Le conté a mi familia llorando, porque es el premio más lindo por la siembra más dura y el trabajo más hijo de puta que alguien pudiera tener. 

Ellos han podido omitir mi existencia. Han podido hablar de ellos y no de mí. Han podido recomendar gente que conocían antes de conocerme a mí, pero no lo hicieron. Estoy tratando de no comparar con Venezuela, pero mi experiencia en Venezuela fue muy distinta. Muy pocos comediantes éramos solidarios con los demás. Los que son, saben que son y los extraño todos los días. 

Sí, es verdad que yo no me he calado todas las verdes *en Colombia* pero ya me calé una parte en Venezuela. A mí no me da miedo pasarla mal, porque I've been through hell en el nombre de esta profesión que amo. No le tengo miedo a trabajar y seguir trabajando hasta que algo pase. Pero sí vengo con kilometraje, pues. No soy una nuevona y creo que me merecía estar en ese callback, se los juro. 

A ver, ya yo agarré un autobús semanal por La Bandera para ir a hacer reír gente que de todas todas me iba a subestimar de entrada, ya yo dormí en moteles dos veces por semana, ya yo recibí tres dólares como pago por viajar 6 horas, hacer el mejor show de la vida y volver a viajarlas de regreso, ya yo me monté en carritos sin aire acondicionado por 3 horas hasta Valencia, ya le dijeron en Burger Bar 369 Barquisimeto al host que no me llevara para allá porque "las mujeres no son cómicas," ya me gritaron varias veces "puta" en tarima por hablar de tirar en la rutina, ya un poco hombre que se cree comediante le dijo a nuestros compañeros de trabajo que me había cogido cuando ni un beso le he dado en su puta vida, ya vi como gente mucho menos talentosa que yo es reconocida por ser soez y vulgar en un país ordinario, ya me enfrenté al machismo y la misoginia y lo seguiré haciendo con gusto, ya–creo yo–debo haber hecho aunque sea a uno menos machista, ya otra comediante le dijo al dueño de un bar que qué bolas que yo me creía cómica por ser linda, ya vi como el público se le ríe a los famosos por ser famosos y no por ser buenos, ya fracasé en tarima por insegura, por no saberlo manejar, ya me bajaron a gritos, ya pasé tres minutos sin escuchar ni una sola risita, ya probé quién soy y qué quiero ser cuando me monto en un escenario, ya hice shows en medio de la crisis profesional más heavy de mi carrera, ya usé mi corazón roto para hacerlos reír y planeo seguirlo haciendo hasta el día que deje de respirar,  ya fui enratonada de un show a otro, ya dejé de beber por tener examen al día siguiente, ya me bajé sola de la tarima a llorar a mi habitación mientras mis amigos se tomaban selfies con las groupies, ya vi como en los circuitos en Venezuela el cerrador es hombre–casi siempre–no importa si tiene menos tiempo, material y talento que tú, ya vi que el cerrador no siempre es el mejor, sino el más "famoso," ya vi como gente que no sabe hacer stand up cree que puede hacer stand up porque tiene 100 mil seguidores más que yo, ya me odió la mitad del público por decir que el baseball me aburre, ya vi como llegaba más lejos el que tuviera padrino, ya tuve problemas con mis amigos por meterlos en mi rutina sin pedir permiso (más nunca volvió a pasar), ya me han amenazado por Twitter con violarme si sigo hablando mal del gobierno chavista que arruinó mi país, ya fui percibida como The Help porque mi trabajo es ir a entretener a los que rumbean, ya yo me leí todos los libros, ya yo pasé todas las horas necesarias escribiendo chistes de mierda para escribir uno solito que fuera bueno, ya entendí que no hay atajos, ya pasé horas en vela reescribiendo y reajustando, ya hice todo lo que ha estado en mi poder, ya me olvidé de cualquier mojón mental que haya podido tener en la vida, ya me eché encima a todo el sindicato de prepagos de la patria grande de Bolívar por decir la verdad, que es que ese trabajo no dignifica, a mí no me vengan a joder... Es evidente que aquí va un etcétera. 

Todas esas cosas se pueden resumir en la respuesta que le di a un pana que ese día me preguntó: 

–¿Cómo llegaste tú ahí? 
–Echándole un cerro de bola, darling

domingo, 20 de noviembre de 2016

Volví como Chávez no podrá, porque está muerto :)

Han pasado muchas cosas desde que escribí por última vez en este blog. En este post no voy a hacerle justicia a ninguna, pero sí necesito resumir. 

Es raro, es la primera vez que tengo ganas de escribir en el blog en meses. Es raro haber vuelto, pero me parece más raro todavía haberme ido. ¿Te acuerdas cuando no podías vivir sin bloggear? ¿Te acuerdas todo lo que le debes a este blog? 

Traidora, marica. 

Es que I am a grown up, ya. Este blog tiene casi 10 años activo y me imagino que en 10 años la gente tiene que cambiar, ¿no? You become wiser, digo yo. Not wise enough to drop Tinder y dejar eso así, pero sí, wiser en algunas otras cosas digo yo. No exponerte tanto, puede ser una. 

Es una de las cosas que entendí hace poco, sobre Instagram. Es la razón por la que yo nunca tuve 2983742837483 followers en Venezuela. Instagram es para la imagen y yo prefiero ser reconocida por mis ideas. Obviamente algún día me sacaré las espinas y empezaré a hacer todos los videítos que he dicho y escrito en las notas del teléfono, pero not my time. 

Desde la última vez que escribí en el blog me enamoré dos veces, me desencanté una, fui traicionada por un huevón que me revisó la computadora, le escribí mil veces borracha, dejé eso así, viajé a Bogotá, me mudé a Bogotá, traduje 6 guiones, no escribí el mío, viajé a Chicago y fui a cinco matrimonios entre junio y julio solamente. 

Me desenamoré una y necesito desenamorarme la otra. Ya basta. Ya fue. Ya, Nina, ya. 

También desde que escribí por última vez aquí, me he ganado tres premios. He escuchado a gente que respeto y admiro felicitarme por mi trabajo. He escuchado a desconocidos llorar porque yo lloraba y he visto a gente conmovida y emocionada con lo que vieron en la pantalla. He escuchado a salas enteras de extranjeros reírse con un chistecito súper cool del corto y a una sala full en Alicante morir de la risa cuando les dije que estaba desempleada y que me contrataran. 

He llorado casi todos los domingos, eso no cambia. Ah, paja, menos el domingo pasado que no lloré porque sabía que me iba a mi casa al día siguiente. 

Me he mandado pocas peas pero he amanecido destruida de los ratones. Sólo dos veces, ayer que fue absolutamente desproporcional y el día del matrimonio de R. que me quería arrancar la cabeza cuando amaneció. Qué bolas que ahora me da ratón sin amanecer, tres vinitos antes de las 12:00 am es todo lo que hace falta para despertarte con un ligero pero insistente dolor de cabeza. 

Cumplí 31 la semana pasada, por cierto. 

La mejor parte del año no fue Alicante, no fue Baruta, no fue Chicago, no fue Bogotá. La mejor parte del año es que en mi vuelo vía NYC en abril, ese lunes en ese vuelo de Dynamic yo entré al baño y sobre el lavamanos había como tres bolsitas ziplock de las más chiquiticas, con fajitos de billetes adentro y por mi cabeza ni pasó agarrarlas. No hubo ni un segundo de duda, de hesitation, momento diablito-angelito, nada. Eso no era mío, punto. En todo lo demás no sé pero mis papás en eso no la cagaron. Las bolsitas eran de colores, como magenta, nunca había visto ziplocks tan chiquitas de colores.  

Y si alguna vez he robado un yesquero o bolígrafo sin querer, perdónenme. Obviamente hablo de yesqueros y bolígrafos baratos de kiosko, duh. 

He tenido que aprender a decir esfero y encendedor, no bolígrafo y yesquero. Pasé dos meses negada. Dos meses diciéndole como les había dicho toda la vida, pero me cansé de corregirme, de explicar. Me adapté. Me adapté para sobrevivir y para no andar lost in translation. ¿Eso me hace una traidora a la patria? Espero que no. 

I am trying to be stronger than I am. I am not, yet, but I am practicing. 

Soy Dora La Solfeadora y tuve una maestra por una clase en BDC que me felicitó y me dijo que "you obviously know some music too." Lloré como una loca y le mandé el video a mi profe de canto por whatsapp y luego a mi profe de música con un correo enorme dándole las gracias. Saqué 17 en Solfeo, que para mí es 25 porque sentía que estaba estudiando 25 horas diarias. Lo logré, ¿entienden? Y con excepción del stand up nada me había parecido tan difícil como la música.

He dejado de fumar 17 veces desde que empecé a fumar de nuevo. Je regrette rien. Me calma. El que no sepa lo horrible que es ser esclavo de un vicio, no opine, por favor. 

¿Cómo voy a poder con Bogotá si no puedo ni dejar de fumar? Paja. No quiero dejar de fumar, punto. Cuando quiera, lo dejaré. Mientras tanto pásame el Belmont bogotano que sabe a mierda y el ENCENDEDOR. 

A veces no sé si me vine para perseguir el sueño de una mejor carrera o huyendo de él. 

Estoy trabajando muy duro para tener los problemas que quiero tener: no tengo tiempo, estoy explotada de trabajo, perdóname por no ir, sorry hablamos luego, estoy destroyed, no he dormido nada, espero que el vuelo salga a tiempo, etc, etc. 

Extraño a D'Artagnan todos los días. Viajé 25 horas para pasar 44 horas en Caracas, me da vergüenza confesar cuántas cosas importantes dejé de hacer (dermatólogo, ginecólogo, odontólogo) para poder pasar todas las horas posibles con él. Valió la pena cada segundo. Todas las personas que tienen perros tienen opiniones distintas sobre ser lamidos por sus perros. A mí, por ejemplo no me gustaba que D'Artagnan me lamiera la cara, aunque a veces, me agarraba desprevenida y ya. Cuando me vio el martes, me saltó, me brincó, me puso las patas encima y me tumbó del tiro, me lamió la cara y lo dejé. De ahora en adelante cada vez que lo vea lo voy a dejar. Una de las pocas cosas que sí quise bloggear fue como un cuentico sobre mi relación con mi perro llamado "Ella llegó llorando." No lo posteé porque no le hace justicia a Punchi. 

He hecho amigos chéveres colombianos aquí. Casi todos hombres, casi todos standuperos. Una venezolana me jodió y estafó cuando llegué, eso sí. Tipo para que no extrañara tanto la patria. A taste of mamahuevismo criollo abroad, just enough to not get homesick. ¡Viva Venezooela, no joda! 

Este fin de semana aprendí que el Efecto Guitarra es poderoso, existe y es peligroso sólo si el guitarrista en cuestión toca bien. Si no, es como meh! puntos por intentar pero vete a la mierda que cualquiera se sabe cuatro acordes de Maná. No me gusta la gente destalentada. No salgo con ellos, no les doy mi whatsapp, no son mis amigos, nothing. 

Me imagino que es cero cool tener un blog todavía, pero eso nunca me ha detenido. Es cero cool no tener un choker de cada color de círculo cromático, pero de pana que ya yo anduve como una brujita de Charmed por la vida hace 15 años. Eso sí, de haberlo sabido no hubiera botado ni una sola pulserita y revendo esa vaina aquí en pesos. 

Sigo siendo educada. No he empezado a jalar bola todavía a nadie que no se lo merezca. No soy polite con gente imbécil. Pregúntenle a Amy Schumer cuántas vainas ha dicho en toda su carrera para quedar como una jeva polite y diplomática. Yo no quiero trabajar en la ONU; marica, yo quiero agotar el Madison Sq. Garden. Obviamente el día que me vean siendo una maleducada pueden cachetearme, pero el día que me vean siendo hipócrita o jalabola, los autorizo para que me lapiden y crucifiquen. 

Tengo blog, no uso choker, sigo fumando cuando no es cool. Ugh, je suis démodé. 

Dejé a mis libros huérfanos en Venezuela. Mis libros, mi perro, mi casa, mi montaña, mi mamá, mi pitá, mi papá. Si dejas todo lo que eres en otro lugar, ¿quién eres? Esto ha sido lento y complicado, pero allá también lo fue. Espero que no me tome 30 años más estrenar una vaina en Colombia, porque el protector solar ha sido maravilloso, pero coño, no podemos pedirle que encima me photoshopee en la vida real. 

I missed this. I missed you all. 

martes, 1 de marzo de 2016

Una ayudaíta para la dramaturga

En un libro llamado Show Your Work, el autor dice que "online is the biggest scenius on the planet." No sé cómo terminar esto entonces vine a exponerlo acá. Es un monólogo basado en una escena increíble de Almost, Maine que no sé terminar. Me gustaría hacerlo parte de algo más grande, pero si no sé terminar el monólogo menos sé darle contexto. Si alguno tiene alguna idea de cómo ayudar, por favor sugiera. No hay ideas malas. Nombraré a la protagonista en su honor.

Él está sentado en la sala y entra ella. Mientras habla trae más cajas y las va armando en una muralla entre los dos. 

Vine a traerte tu amor. Bueno, el amor que siento por ti. Es de mí para ti, no sé si es mío o tuyo ahora. Vine a dártelo porque no puedo seguir sintiéndolo. Yo sé que no lo quieres. Yo sé que es poco. O quizás es mucho más de lo que te mereces. Pero acá está. Todo este amor es tuyo. Fue mío y ahora es tuyo. Si no se hubiera acabado el tuyo, todo este podría ser nuestro porque no soy pichirre, pero entiendo que así no funcionan las cosas.

La magia de este amor es que nació y creció en pocas semanas y que aún así, no se ha muerto. No se va a morir en meses, tranquilo. No es que te estoy dando un amor vencido. Acá la única vencida soy yo. Por favor, así no lo quieras, agárralo. Si quieres después lo lanzas por la ventana, pero no me hagas más daño. Acéptalo, porque no tiene condiciones. Toma todo este amor que ha podido ser tuyo por siempre si lo hubieras querido. Si me hubieras querido. No me importa lo que hagas con él, de verdad. El amor es para repartirlo. Si uno se queda con ese amor entre pecho y espalda, literalmente, puede matar. Bueno, no conozco gente que se haya muerto de amor. De desamor sí, aunque la gente no lo entienda. No entienden que es una muerte metafórica, pero sigue siendo una muerte.  No te entierran en un vestido lindo o en tus blue jeans favoritos, y que a tus familiares y amigos les sabe a mierda que tú seas atea ellos harían misas igual. No se muere tu cuerpo pero se muere una parte de ti. Esa parte no revive, se va un pedazo de uno para siempre.

Dicen que se llena ese pedazo con otras cosas, con otros, con la vida, con el tiempo pero de verdad, lo peor que le puedes decir a una enguayabada en la cúspide de su dolor es ese cliché. Odio el puto tiempo.

No es el corazón lo que se muere, es como un pedazo del esternón, de hecho. El corazón está más vivo que nunca, porque está en carne viva. Lo que queda es como un huequito donde tú quedabas. Una presión tan poderosa que sientes que te va a aplastar. Sí, es verdad que no se muere tu cuerpo. Se muere o se rompe en trillones de pedazos el alma, que duele más que el cuerpo. Ella cava un foso y se echa ahí a morir. Se entierra en la miseria y la rabia y el dolor… uy, el dolor, y se queda ahí hasta que le den tanto vodka que se peguen los pedazos. El vodka es mejor que el tiempo. Los mil pedazos que estallaron y se regaron por tu cuarto, por tu baño, por tu celular, por el sofá de tu casa, por el primer cine, por el asiento de tu carro donde tiraron un día que estaban borrachos y pelando tanta bola que no podían ir al Dallas, por la almohada que huele a Calvin Klein One o en tu caso la versión de Calvin Klein One de Perfumes Factory, otro pedazo en la escalera donde una vez te cañiste borracho y yo no pude sino reírme, otro pedazo rodó por el balcón del que quiero lanzar, otro pedazo se enredó con la lámpara que casi rompemos el día que tiramos la primera vez, otro pedazo en la cartera justo al lado del celular que cada vez suena menos y nunca eres tú.

 Vas por la vida como The Walking Dead, porque eso es lo que sientes que eres. Un zombie que anda por incercia. Eso sí, como tú eres arrecha, porque una es arrecha, hace todo como siempre, después de las primeras 48 horas. Las primeras horas son de pijama, vodka y moco. No me jodas. Me lo merezco. Después te paras y vas hinchada al trabajo, fea a la universidad y mocosa a los cumpleaños de tus amigas que creen que esto nunca les va a pasar a ellas porque lo de ellas sí era de verdad. Pajúas, yo también creía que éramos de verdad. Vas haciendo las cosas como en Bernarda Alba, cuando Magdalena dice que hace las cosas sin fe, pero como un reloj. Porque una está en la mierda, pero una no es irresponsable.

Pasar de caminar sobre las nubes a llorar en posición fetal. Así. Ir por la vida así. ¿Cómo puedo seguir por la vida así? Como un cáscara. En neutro, sin necesidad de que te puyen porque vas en bajada tú solita. Yo tan convencida hace una semana de que este amor sólo crecería, de que habrían cajas, bolsas, depósitos y galpones llenos de amor de los dos y mírame ahora cargando cajas y cajas y bolsas y bolsas llenas de amor no requerido y no deseado. La bolsa soy yo.

Sí sé. Sí sé cómo seguir. Te doy todo tu amor para que este Roraima emocional se haga más ligero. Tómalo todo. Quédatelo tú. Yo no lo quiero. No puedo ir por la vida cargada de amor para ti porque no es justo con quien sí se merezca algo, darle un amor que no le corresponde. Un amor que era para ti, no puede ser de más nadie. El hecho de que lo tengas tú no significa que voy a dejar de sentirlo, claro. Fue parte de mí primero, este amor y yo estaremos conectados hasta después de que se espiche. También tú, aunque no lo quieras. El amor nos vincula así no lo queramos, así haya pasado, así no haya sido bien recibido.  

(Trae la última caja) 


¿Esto era todo? Qué raro, se sentía como más. Como que el dolor magnifica las cosas.