lunes, 21 de abril de 2014

Cambiar el resultado es cambiar el procedimiento. Parte 1.

Tengo toda la vida esperando. Toda la vida yendo a castings, toda la vida queriendo estar en proyectos, toda la vida resintiendo a los que no me ayudan, a los que no me llaman, a los que no me castean. Tengo toda la vida esperando una oportunidad y soñando cada vez que se lo dan a a catira. Tengo toda la vida llorando porque mi carrera no es lo que yo quería que fuera. Tengo toda la vida soñando y tengo toda la vida creyendo que sí. Nadie ha tenido tanta esperanza como yo. 

Eso que describo suena muy pasivo y la verdad es que si bien he podido hacer muchas cosas más, ya hablaré más de eso, he hecho cosas. En serio, sí he hecho cosas. Hice un blog, hice radio, hice castings, hice contactos, hice stand up, hice un equipo de impro, hice cola para comprar libros, hice cursos, hice talleres, hice amigos, hice relaciones públicas. Nada de eso ha sido suficiente, pero quiero que se entienda la distinción entre sentarme a llorar en el mueble comiendo helado y hacer ejercicio seis días a la semana además de hacer mi propia mantequilla de almendras para que cuando finalmente llegue la oferta no me reboten por gordita. 

He sido disciplinada, he sido paciente, he sido buena. No he saboteado ni menospreciado el trabajo de ninguna actriz (actriz de verdad, no modelos ni prepagos de un solo nombre que ofenden la profesión). No me he llevado a nadie por delante para estar aquí. No sé bien lo que "aquí" significa, pero sé que es un lugar diferente a donde empecé. Nunca en la vida he hablado paja de otra actriz, siempre he compartido la información de los castings y siempre he recomendado a actrices cuando el proyecto no es para mí (léase que no me gusta porque es malo) o cuando es demasiado difícil para mí o cuando no puedo porque tengo otra cosa durante ese momento. De hecho, estoy segura de que quedé en Movistar Hey Solcito porque al salir del casting les dije a las que estaban esperando que googlearan la letra de la canción para que la pudieran medio rimar y preparar de antemano. Después terminé empatada con el novio de una de las jevas a quien le soplé, pero él ya ha salido lo suficiente en este blog. 

Yo dejé de fumar. Si eso no es querer hacer cosas, no sé qué califica. Dejar de fumar fue el ejercicio de voluntad más difícil de mi vida, ha sido lo único más difícil que el stand up. Pagué muy caro eso. La obra que originó la promesa no se dio, una vez más no obtuve lo que quise y me rompió el corazón mil veces. Mi esperanza gigante y mis sueños enormes no son proporcionales a una mujer de mi tamaño. Por eso me duelen mucho más cuando se rompen que a una persona normal. Mi imaginación y mis expectativas se han llevado lo mejor de mí, siempre. El hecho es que dejé de fumar y me dio fue por comer. Cada vez que quería un cigarro, comía. Durante el día, me provocaban 20 cigarros. 20 cigarros de la caja que me fumaba diariamente, que a veces todavía extraño. Si comes "merienditas casuales" que eran casi siempre chocolates y dulces 20 veces al día, es de cajón que vas a engordar no importa cuánto corras, subas cerro o bailes reggaetón toda la noche en tacones. Engordé como loca. Una vez me pasaron por al lado dos personas que solían trabajar conmigo todos los días y no me reconocieron. La gente me decía cosas como "ah, te ves bella así más gordita y con la cara redonda" (fuckers!) y yo hacía lo de siempre: bebía hasta la inconciencia y cuando llegaba a mi casa me encerraba a llorar. No tenía control sobre eso. La ansiedad fue demasiado para mí y supe lidiar con mi falta de nicotina como lidio con todo lo que me jode en la vida: autodestruyéndome. Haciéndome daño comiendo. Eating my feelings away. Una mujer que sólo comía chocolate en los días más álgidos del PMS o de la regla, se convirtió en hiperfan de las cosas dulces. El día más extremo fue el día que compré un coffeecake en Franca de los grandes. Le di un pedazo a Diana y a una de sus roommates, mi mamá se comió otro en la noche y al día siguiente no había más porque yo me la había bajado. Cual Bridget Jones, me comí la torta llorando porque no tenía control sobre estarme comiendo la torta. Llegué de NYC, sintiéndome validada y talentosa, buena y capaz, pero con el botón del blue jean desabrochado y una camisa larga y holgada que escondiera el hecho de que no me había cerrado el fucking pantalón. Claro, no hay camisa que tape la vergüenza de que a los 28 años you can't afford new jeans, ni siquiera con CADIVI. 

El año pasado dejé la radio porque estaba en una radio por Internet. Radio por Internet, técnicamente no cuenta todavía. Una de las gerentes had no clue whatsoever as to how to run a radio and/or talk to adults. Aparte de eso, Yo me fui de la radio porque uno es lo que uno hace. Si yo seguía llamándome actriz, pero seguía trabajando como locutora, no iba a ser sino locutora el resto de mi vida y la actuación iba a ser el plus. El bono. El extra. Y no. Yo nací para actuar, solamente porque eso es lo que he querido toda mi vida and that is enough. 

Claro, ayudó que mi jefe fuera una persona cuyo ego era infinitamente más grande que su talento y un pain in the regular ass. Taima. La radio cuando se hace bien es la cosa más bella del mundo. Antes de estar en Internet, estuve en Hot hasta que me botaron. Ahí aprendí todo lo que sé. Eso sí, ahora, en perspectiva, como todo TED Talk y cualquier memoria que esté en el NY Times Best Seller List, que me hayan botado de Nos Vemos a la Salida fue lo mejor que pudo pasarme. Lo primero es que, dejé de trabajar con una persona que lo que hacía era tapar mi luz para que la suya brillara más. Imagínense una linterna tratando de brillar más que el sol... OK, eso quería hacer dicha persona. Ahí empecé a usar palabras como energía negativa, mala vibra, etc. Uf, era todas esas cosas juntas y más. Era un bloqueo y un ancla. Lo segundo, es que me sacó de mi comfort zone. Irme de la radio fue la decisión más valiente de mi vida, cuyo pay off sigo esperando. Digo valiente porque pasé de tener suelo y estabilidad económica y laboral a no tener nada. 

En NYC pasé hambre, en Caracas también, mi poder adquisitivo es nulo, la poca plata que hago de vaina cubre mis gastos y a los 28 años sigo viviendo con mi papá. Cada vez que alguien habla de que me vaya de Venezuela me río burda porque el pasaje que puedo pagar es a Margarita. En Ferry. En segunda clase. Me frustra horrible. Me mal acostumbré a la libertad económica de la radio (radio de verdad, no por Internet). Poder adquisitivo significa poder de decisión. No puedo tomar decisiones, ni puedo comprarme una merienda en la calle si tengo hambre, no puedo comprarme una camisa linda para ir a un casting, el maquillaje que tengo me tiene que durar para siempre y no puedo usar las manos, porque no sé cómo hacer para pagar la peluquería. Sí, hay gente que pasa hambre y que sus hijos están enfermos. Ellos tienen su cruz y yo tengo la mía, vayan a ser intensos en otro blog. Para mí no existe la opción de alquilar, de mudarme, de vivir por mi lado, de experimentar la vida como una mujer, como una adulta. No sé qué es ahorrar, tengo un año sin comprar ni un dólar y cada vez que pienso en el futuro me asusto porque no quiero ser una pelabola el resto de mi vida. En serio, estoy tan mal económicamente que hasta la gasolina me parece cara. Dejé de comer sushi, dejé de comprar libros, dejé de salir a rumbear, dejé de invitar amigas a cenar, dejé de ir a cenar, dejé de tener vida social, dejé de irme de viaje, dejé de ir a la playa, al cine, al pole dance... Dejé de hacer vainas que a mí me gustan y eso es chimbo. Me pone triste que mi calidad de vida sea una mierda, ya y eso no me hace una cotufera. La vida no tiene por qué ser mediocre. Yo debería estar en el psicólogo y no tengo cómo pagarlo. 

No importa cuánto trates, cuando haces lo que yo hago, la opinión de los demás puede afectarte. Los demás, opinan que yo nunca soy suficiente. Entonces, yo me creo insuficiente. Ojo, esto no es culpa de nadie sino mía. Yo acepto que yo me dejé joder. Acepto que nunca he debido escucharlos, acepto que he tenido demasiado miedo, que no ejecuto mis ideas, ni escribo mis guiones, ni produzco mis vainas, ni le echo bola. Yo acepto que es culpa mía. Acepto que la he cagado, acepto que opino de más, acepto que debo ser más diplomática, acepto que la responsabilidad la debo poner donde recae, acepto que he pasado demasiado tiempo buscando culpables, acepto que no me he enfocado en las soluciones. Acepto que soy una cobarde, acepto que no me he sabido abrir los caminos, acepto que no confío en mí, ni en mis ideas, ni en mis historias, ni en mis talentos. Acepto que no sé si alguna vez tuve alguno y que me gustaría saber que todo lo que alguna vez creí me lo imaginé or what. Acepto que no me sabe a mierda que no me den trabajo, que sí me duele y que no entiendo por qué me perciben como me perciben. Si bien es verdad que soy burda de hater, yo nunca le he hecho daño a nadie. Claro, siempre hay una mmhva que manipula y hace un show frente a todo el mundo donde me señala como Voldemort, pero de verdad son mmhvas y si ellos se lo creen y no ven el show y la manipulación por lo que es, pues se merecen trabajar con ellas y no conmigo. Acepto que he confiado demasiado. Acepto que tengo echarle más bola. Acepto que es mi responsabilidad ser motor de mi carrera. Acepto que no soy perfecta para todos los papeles. Acepto que no quiero hacer las cosas porque si las termino haciendo y son una mierda me va a devastar emocionalmente. Acepto que tengo que trabajar en mi autoestima y no sé cómo empezar. Acepto que no estoy bien, pero que sí quiero estarlo. Acepto que para que las cosas cambien, tengo que cambiar yo primero.

No quiero vivir esta vaina más. Quiero ser buena, quiero ser exitosa, quiero ser próspera, quiero ser apreciada, quiero que mi talento sea validado, quiero trabajar mucho, quiero dejar de tener miedo, quiero confiar en mí.   Vamos, pues. 

3 comentarios:

Ora dijo...

Te quiero.

Ma. Virginia Gutierrez R. dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Ma. Virginia Gutierrez R. dijo...

La sociedad es una vaina terrible y el gobierno que no ayuda tampoco. Decadente la situación.