jueves, 25 de noviembre de 2010

El Post Más Difícil de Todos

Todo fue muy rápido, pero yo me acuerdo como si hubiera sido ayer. 

Estábamos celebrando su cumpleaños. Estábamos mejor que nunca. Éramos una pareja feliz. Teníamos peleas maricas como todas las parejas, pero éramos felices. O eso creía yo. Después de una relación tan larga, cuando pierdes el respeto las peleas se ponen feas, por decir lo menos. Nuestras peleas no eran discusiones, eran peleas con amenazas, insultos horribles y gritos. Ahí yo tuve que haber hecho lo que me costó tanto hacer después, pero en serio, creía que era feliz. 

Era un viernes normal y corriente, habíamos predespachado en su casa y nos fuimos a Le Club. Nos esperaron dos parejas en Whisky Bar y subimos a las doce. Ya no era su cumpleaños, pero él estaba feliz y yo también. Nunca nadie había estado tan bien acompañada. 

En esa época yo bailaba como diez horas diarias. No había en todo Le Club unas piernas más bonitas que las mías y yo sabía eso. Me había puesto una falda cortiiiica de bluejean, una camisa negra y los zapatos del amor con unos zarcillos de flores fucsia, que combinaban como si los hubieran mandado a hacer.

Bailamos un rato y nos sentamos en la mesa de la esquina de siempre. La que está abajo del espejo, justo cuando bajas las primeras escaleritas a la izquierda. Hicimos dos o tres chistes sobre el jockey que ha sido testigo de los derrapes de las últimas generaciones de sifrinos caraqueños y yo me paré al baño. 

Esa noche hacía calor, porque para variar Le Club estaba full. Cuando salí del baño estaba sonando una canción de merengue de Tártara-quiero saber como se sieeente amaaar, allá en tu mundooo- cuando S. me dijo que él estaba triste porque habíamos peleado y que como era posible que hubiéramos peleado en su cumpleaños. Le dije que no tenía idea de qué estaba hablando y que no fuera tan metiche, pero igual caminé por la barra para buscarlo. Di una vuelta más, sin éxito. 

Me devolví a la mesa y ahí estaba él. Tenía los ojos tristes y los labios blancos. Se veía vulnerable, no arrecho... mis instintos me engañaron. Le di un besito en la cabeza y apoyé mi mano en su bluejean. 

"Qué pasó, gordo?" Hasta ahí me acuerdo. Empezó a gritar desesperado que cómo era posible. Estoy casi segura de que me reclamaba haber saludado a alguien, un hombre por supuesto, con un abrazo. Cosa muy rara, porque él nunca había sido celoso. Mientras trataba de calmarlo hacía el cálculo mental de cuántos tragos se había tomado. Trataba de frenarlo y le pedía que por favor bajara la voz. 

Se me empezó a quebrar algo, sentí una puntada en el esternón. Veía algo macabro en sus ojos que nunca, por Dios y la Virgen, nunca había visto antes. Manoteaba y yo trataba de esconder la cara cada vez que hacíamos eye contact. No me gustaba lo que veía. La gente empezaba a mirar y yo me puse de espalda contra la pared para que no le vieran la cara a él. Nunca había visto tantas cosas feas en sus ojos marrones. Bueno, en uno marrón y el otro miel. 

Poco a poco empezó a manotear. Los gritos se salían de control y yo veía de reojo cómo los guardias se iban acercando. A veces lo veía a él. Era tan atractivo y tenía tanto poder sobre mí que no podía evitar desviar la mirada de sus ojos terribles para ver todo el resto de su cara, así me estuviera insultando.  Otras veces veía cómo la gente miraba, hacían gestos burlones y se iban. Quería gritar que alguien por favor me ayudara. Sabía que la cosa se podía ir de las manos en cualquier momento. 

Entonces, lanzó su celular contra la pared. Fue horrible, pero lo primero que sentí fue alivio. Respiré profundo y le di gracias a Dios de que lo lanzara contra la pared y no contra mi cara. 

Ya ahí estaba llorando. Yo prometo que traté de controlarlo, pero después de varios minutos de eso, fue imposible. Le pedía que por favor parara. Le rogaba que saliera un momento, que se sirviera otro trago, que pidiera una sopa, que se fuera al baño dos minutos a calmarse, todas esas cosas se las pedí. No sé si me oyó y decidió ignorarlo o si sencillamente sus gritos taparon mis peticiones. Se lo pedía a él y a Dios.

Levantó la mano y yo vi como el tiempo se paraba y su mano hacía el recorrido desde el punto inicial del impulso atrás de su cabeza vía mi cara. También vi como una mano morena agarraba la suya y como en segundos todo se volvió a acelerar. Dos guardias lo agarraron por detrás y se lo llevaron. 

Mientras tanto yo buscaba caras conocidas en un mar de caras de mujeres solidarias que se acercaron a ver si yo estaba bien. Mujeres que no tenían por qué ofrecerme compañía, agua, hielo o ron, pero ahí estaban haciéndolo. Hombres que se ofrecían a llevarme a mi casa o quemarle la suya y yo sólo pensaba en él y trataba de darle sentido a lo que acababa de pasar. Soñaba con despertarme para entender. Porque no entendía nada. 

Dónde iba a esconder mi vergüenza? Qué iba a hacer con todo el amor que sentía? Qué iba a hacer con todos los planes? Dónde iba a lavarme la cara? Qué había pasado? Cómo se reparaba esto? Dónde iba a buscarlo para matarlo cuando me recuperara del shock? Qué pasó que no pude esquivar el brazo? Por qué? Si yo lo único que había hecho era amarlo. Desde que quise hasta que pude. 

Sé que cuando salí de Le Club trató de acercarse. Y yo me aferré a los hombros de los guardias que me escoltaban hasta el estacionamiento porque tenía demasiado miedo. El miedo más profundo y sincero que he sentido en mi vida. Llorando les rogué que no dejaran que me tocara y que por favor no me dejaran sola. Se cerraron las puertas del ascensor y vi sus ojos, ahora llenos de dolor y arrepentimiento. Así fue la última vez que lo vi con amor. El beso que le di para felicitarlo por su cumpleaños todavía me quemaba la boca y me aplastaba el corazón. Mientras se abrían las puertas en el estacionamiento pensé que era triste saber que iba a ser el último. 

Todo el amor que sentí por él ya se murió, pero en el alma de una mujer esas cosas quedan tatuadas con fuego para siempre. Espero que puedas perdonarte. 

Escribí este post porque hoy es el día internacional de la eliminación de violencia contra la mujer. Porque si una mujer lee esto y le da la valentía para mandar a la mierda una relación abusiva, my job is done. Las mujeres que hemos sido víctimas de violencia terminamos convertidas en unos mujerones indetenibles. You are just gonna have to take my word for it. 

7 comentarios:

Beatriz Portinari dijo...

No sabes lo que te debo, por este post y el de querida enguayabada...en serio...si te viese en la calle te diese un abrazo honesto y te diría: ''Gracias por contarlo, gracias por salir del foso...y gracias por poner en palabras lo que muchas -aún- no podemos...'' GRACIAS TOTALES, al mejor estilo Cerati...GRACIAS NINA

iLi dijo...

I did it.. Porque a veces cuando el golpe no se ve.. Cuando te lo dan en el alma.. Sientes que si hubiera sido físico estarías hospitalizada grave.. Así que decidí amarme yo sobre todos y todas las cosas.. Y estoy empezando de nuevo mi vida!.. Es un acto de valentía, de Renacimiento y determinación. Dile no a la violencia de genero.. Porque el amor no justifica ningún tipo de violencia.

ERNESTO J. dijo...

sencillamente sublime... demasiado brutal...
me lo llevo al facebook, esto hay que darle promocion para que la gente lo lea...
saludos

Michelle Durán dijo...

TU TIENES MÁS TESTÍUCULOS QUE MEDIA POBLACIÓN MASCULINA DE VZLA.
ES LO ÚNICO QUE DIGO .
SALUDOS ,

Ora dijo...

El post más arrecho de todos

Mariale divagando dijo...

Tremendo post!

Mariel dijo...

Primera vez que paso por tu blog, me impactó demasiado este post, jamás he pasado por algo así, es terrible y me alegra que hayas dejado esa relación en ese día, algunas mujeres perdonan y ese tipo de situaciones se vuelven recurrentes en sus vidas. Felicitaciones por haber sabido manejarlo y por tener el guáramo de contarlo.

Saludos Mariel González
http://marielgzlz.wordpress.com :)