sábado, 20 de abril de 2013

Conseguí un nuevo spot

Una de mis tías tuvo que dejar el escritorio de su casa en la mía por unos meses mientras se mudaba. Este post lo escribo entre la terraza de mi casa (porque adentro no se puede fumar) y dicho escritorio. Antes, escribía en el piso de arriba, en la sala. La computadora sobre la mesa y mis nachas en la alfombra. Después de una hora al día de escritura, que es más o menos lo que le dedico los días de semana, me paraba con la espalda vuelta nada y sin fundillo. 

El escritorio es en L. En la parte de la L pegada a la pared está la impresora que nunca pude configurar porque se me olvidó el password de mi laptop y una computadora que nadie prende desde 2005. Volvemos a ser mis hermanos, mi mamá y yo. Javier quiere adueñarse de mi escritorio, pero no lo he dejado. Ya mi tía se mudó a su apartamento nuevo y se llevó su silla. Yo estoy sentada en la de mi mamá. Cuando venga a llevarse su escritorio, me voy a tener que encadenar a él y hacer huelga de hambre. 


Creo que no aguantaría seis horas en huelga de hambre. Ni por un país, ni por un escritorio. Aplausos a quienes lo han hecho. RIP Franklin Brito, no tengo la disciplina que usted tenía, ni la convicción. Puedo cacerolear a mi tía, pero no puedo gritarle "Tibisay" porque la quiero, porque no se lo merece y porque me desheredaría. 


Hay varios bombillos quemados en la parte de abajo de mi casa. Yo no los voy a arreglar, entonces sencillamente me acomodé en la esquina donde pega más luz, porque casi siempre prefiero escribir de noche. Soy más productiva en la noche.

Casi siempre escribo de mí porque es lo más justo. Es cuando escribo mejor, también. Otras veces abro el documento y escribo de gente que no existe sino en mi cabeza y no confío en ellos. No se sienten reales todavía. 

El libro de Mindy Malkin fue inspirador. Yo debería empezar a rayar los libros. Pecado capital, pero I am afraid it´s gotten to that. 

En el mismo escritorio que escribo, es el escritorio donde me disperso. Youtubeo, Cuevaneo, leo libros cuyos derechos están liberados, me grito con el cosito de los torrents para conseguir libros nuevos que me quiero leer pero por los cuales no quiero pagar porque mi moneda la han devaluado dos veces. Siempre leo los libros en su idioma original. No me interesa Bossypants traducido. Ni me interesa Cien Años de Soledad en inglés. 

En el escritorio hace falta orden. Lo bueno de que Javier esté tratando de apoderarse del escritorio es que dejó su cartuchera aquí. Abierta para que yo raye y coloree figuras geométricas o muñecos de palito en una hojita con sus Berol Prismacolor. No me atrevo a sacarles punta a los que están nuevos, de repente me regaña. 

Siempre escribo todo primero y justifico después. A veces se me olvida. Eso que hablan algunos del rapto y del eureka mientras escribes, nunca lo he sentido escribiendo. Siento las maripositas de las pequeñas victorias, sí, pero no el grito épico de los grandes descubrimientos.

Hay lapsus brutis, siempre. ¿Esto se escribía con s? La escribo con S y después con C. Cuando ni mi intuición ni mi cabeza están seguras, la busco en el diccionario. No me paro y lo busco, no. Abro rae.es. 

Ahorita estuve tentada a seguir viendo la entrevista de Howard Stern a Louis CK. Me obligué a seguir escribiendo. Faltan muchos minutos de esta cuota. 

Casi siempre tengo personajes, no historias. Mi condición de actriz entorpece mi convicción de escritora, pareciera. I take it back. Siempre confío en los personajes, nunca me gustan las historias que se me ocurren. Los personajes siempre tienen muchas cosas de mí pero me gusta creer que ya sé disfrazarlo mejor. JA. 

Los diálogos se me dan bien, también. 

¿Pero en qué historia los pongo?