martes, 23 de abril de 2013

¡Feliz día del libro!

Mi biblioteca es chiquita. Mis libros no caben. Un día mi mamá me regañó y tuve que sacar del cuarto muchos de mis libros para ponerlos en los muebles del resto de la casa. No me preocupa que se pierdan,  porque la verdad es que en mi casa soy la que más lee. Cuando duermo, me gusta soñar que mis libros se visitan. Me gusta imaginarme que hablan entre ellos y que se llevan, en líneas generales, muy bien. Creo que cuando salgo del cuarto, los personajes de los libros se visitan y se relacionan, una especie de Toy Story de personajes y autores literarios. 

Me imagino que La Sirenita vuelve de la espuma para nadar con Moby Dick. Que Los Siete y Los Cinco deciden acampar juntos y hacer té para todos. Jane Austen y las Bronte empiezan a caminar por la sección de Chick-Lit y se sonrojan cuando escuchan a Carrie Bradshaw hablar. Ellas no se imaginaban que la libertad de una mujer para pensar y escoger iba a llegar hasta tanto. El diablo de Dante y el diablo de Prada están jugando ajedrez, disfrutan la compañía del otro. No hay enemigos en este pueblo.

Uta, Meisner y Stella están parados ansiosos en una esquina. Tosen duro, suben la voz al hablar y hacen ruidos como unas adolescentes jugando a la conquista para que Stanislavski se voltee a verlos y los invite a sentarse. Stanislavski está instalado con Tolstoi. Anna Karenina entendió que poco tenía en común con ellos y se fue a pasear. Llegó al Centro de la Tierra y de regreso. "Hacía mucho calor, más nunca," prometió negando con la cabeza. 

Gilgamesh anda solo. De carátula en carátula, examina y trata de deducir. No pregunta. Mucho orgullo y algunos prejuicios, eso es lo que pasa. Astérix y Ana Frank conversan sobre la guerra. Para Astérix, la guerra da risa y para Ana ya da igual. Sancho Panza corre libre entre Cumbres Borrascosas. Madame Bovary busca con quien hablar. Se pone nerviosa. La verdad es que esta vez, prefiere escuchar. No conoce a nadie y no quiere que la juzguen. De repente, una cucaracha gigante la asusta. Kaffka se muere de la risa a lo lejos y sale corriendo a recogerle el guante que se le cayó. 

Lolita está explicándole a Hamlet la Insoportable Levedad del Ser. Sofía repite como un lorito lo que aprendió en su viaje. Parece un pastor evangélico en un arrebato. La diferencia es que Sofía sí sabe. Penelope y Beth enseñan a Cosette y a Eponine a tejer. Preguntan que cuál es el sentido de deshacer todo una vez que terminaron y hacen silencio cuando Penelope les pela los ojos. Jo ve a su hermana desde lejos, no entiende lo de Penelope pero su intuición le dice que es una mujer en la que se puede confiar. Desde la punta del faro, Aquiles ve con curiosidad como un muchachito juega con su tigre. Están en una lancha pequeña, pero conviven como si hubiera espacio para los dos. Hay un hombre viejo, sentado al borde de su mar. Sólo observa a las olas ir y venir. Proyecta una tranquilidad envidiable. Quiroga persigue a las gallinas. Poe habla con los cuervos. 

Pareciera que nadie le teme a Virginia Wolf, ni cuando sale gritando "buuuu" de la esquina. Aquiles trepa un faro, sólo porque nunca había visto uno. Woody Allen, paseando, se paró frente al pelotón de fusilamiento y abrazó como un hermano a Aureliano Buendía. García Márquez se agacha a recoger unos papeles, que volaron inesperadamente de los brazos de Cortázar. El Principito coloca su rosa con cuidado sobre un estante y se pone a jugar Rayuela con Huckelberry. Tom Sawyer bosteza ante la insistencia del sr. Baldor. "No, muchas gracias. Me están esperando y no tengo tiempo para aprender matemática," dice. 

Alejandro Dumas y F. Scott Fitzgerald sobre la raza, la soledad y la estupidez humana. Cuando Dumas empieza a hablar de la venganza, Fitzgerald le mete un codazo en el costado. Se acercaba el Conde y más vale prevenir que lamentar. Nora, Amelia y Emma babean mientras escuchan a Gertrude Stein. No pueden creerlo. Se proyectan, se emocionan, se esperanzan. Los Karamazov le ponen el ojo a un tobillo de Ayn Rand. "Epa, me respetan a la señorita," grita el Quijote. Desenvaina su espada y los persigue cuando ellos echan a correr. Tristan e Isolde se dan los besos, despreocupados, frente a todo el mundo. Cuando Romeo le propone lo mismo a Julieta, ella lo agarra de la mano y corren juntos hasta que cruzan la esquina.

JK Rowling sabe que tiene su VIP. Pero no lo disfruta. Le gusta pasear por la zona donde es de noche por mil y una noches corridas. Le gusta desayunar en Tiffany´s. Aquiles Nazoa le echa un piropo, ella se ríe. Era mejor como chiste que como insinuación. Ya se ha acostumbrado a los venezolanos. Francisco Suniaga le pregunta a Capote sobre las cuatro balas que mataron a seis personas, pero él lo que de verdad quiere saber es si esa isla es tan así. Y si Diógenes Escalante de verdad se volvió loco. Eugenia Blanc tiene un collar nuevo. Es sencillo como ella, pero tiene una gran Piedra de Mar que lo adorna. Joseph Heller está buscando una dirección, Hunter S. Thompson toma de su carterita y ve al cielo. Hay figuritas en todas las nubes, es un espectáculo que enamora hasta a los más cínicos.  

Paul Auster y Whitman están en el bar. No están peleando pero se gritan, algo sobre Nueva York. Suena un tambor de hojalata que no los deja escucharse.  Dos niños afganos vuelan cometas bajo mil soles resplandecientes. De repente, uno de ellos pierde la concentración. Cuatro personas se acercan en tres escobas. "Ay, Hermione tampoco es para tanto," le grita Ron Weasly. "Bueno, vamos a dejarla y seguimos nosotros," grita Harry. Ginny se ofrece a bajarla, sin correr. En lo que sus pies tocan el suelo, corre hacia Gertrude Stein y las otras. Ellos vuelan cuando montan, ella vuela cuando lee.  

8 comentarios:

Susana dijo...

Me encantaaaaa!!! :) Muy parecidos a los mios!!! De verdad esos personajes se vuelven casi como de la familia! Por siglos vivi traumatizada con la bendita cerveza de jengibre de Los Cinco, y hace unos anos, cuando finalmente la pude probar, hasta guarde la botella y todos en mi casa pensaban que estaba loca...jajajaja!!!
Besos,
Susana
www.akeytothearmoire.com

Susana dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Messerto dijo...

Quedo sorprendido...

Nunca había conocido a ninguna mujer Venezolana que haya leído a Ayn Rand. Eso dice mucho de ti.

Es más, sus libros nunca los pude conseguir aquí, así de extraño es...

Chapeau!!!

Estefania Sanoja dijo...

Ninaaaa, qué hermosura de post... Amazing como siempre! Yo creo que en mi biblioteca pasan cosas parecidas... Es más, esto me recordó mucho a una parte de La Sombra del Viento de Carlos Ruiz Zafón (si no lo has leído, te lo recomiendo.) Feliz Sant Jordi!!!

Estefanía Sanoja

Alejandrina Sosa Marante dijo...

Naguará, Rancel.
Para imprimirlo y montarlo.

Par de lagrimitas se me salieron, y sé que estaban saladas porque abajo las esperaba mi boca sonriendo.

Qué rico leer algo que te haga cosquillitas tanto para reir como para llorar.

Saludos.

Ora dijo...

¡Qué belleza, Nina!

Ora dijo...

¡Qué belleza, Nina!

chalyvera@gmail.com dijo...

Me saco el sombrero



Besos