martes, 16 de julio de 2013

Confesión # 85



Yo era como Sheldon. Yo no creía en horóscopos, ni brujas, ni problemas asignados randomly por los astros y su posición en el firmamento, ni en ser víctima de maldiciones, ni de vudú, ni de energías. No creía en los chakras, ni en el reiki, ni en los inciensos, ni en la numerología, ni en la lectura del té o de la mano o de las cartas. 

Esa era la única parte científica de mi cerebro. Estaba muy orgullosa de leer el periódico primero, hojear la revista después y siempre saltarme el horóscopo. O sea, sí creo en que un señor invisible desde el cielo ve todo lo que hago y me premia o me castiga según mis acciones, pero you know me, Contradiction Girl. Creo que él embarazó a una mujer en una de sus manifestaciones, como una paloma–por cierto, bien apropiado que la haya embarazado una paloma, wiiiink–pero que ella siguió siendo virgen y que su hijo se murió y resucitó. Eso, no tengo problema en creerlo. Ahora, creer en que porque Mercurio decidió ponerse retrógrado (¿qué coño significa retrógrado?) todo me va a salir mal, no. Eso no. Y ahora... ahora... ¡que pena, vale! 

Desde hace seis meses espero todos los martes el puto horóscopo de miastral.com. 

This is a cry for help. Siento mis neuronas morir cada vez que leo Escorpio. ¡SOS Nina SOS!

1 comentario:

Bryan Barradas dijo...

Por favor Diosito, no quiero terminar así. De pana me ha hecho full gracia esta entrada, sobretodo el final jajajajaja.