sábado, 16 de noviembre de 2013

Oops, I broke up again

Todo el mundo tenía razón. Las cosas se ponen más fáciles con la práctica. La primera vez que terminas es una mierda. La quincuagésima es más tipo "tú dale que no viene carro." Esto no aplica a mí montada en una bicicleta, la vigésima vez fue igual de difícil que la primera. 

A ver, no es que yo sea intolerante y necia y terca y exigente e imposible, que sí lo soy pero en otras cosas, en esto ya no. La cosa es que yo sé lo que quiero. Sé qué estoy dispuesta a sacrificar en el nombre del amor y sé qué cosas no sacrifico ni de vaina. Los últimos chamos con los que he salido eran tipos chéveres. Eran hombres buenos, de verdad. Talentosos e inteligentes y todos acá sabemos que ya yo con eso caigo redondita y que por menos de eso me he dado los besos. 

Yo no soy una loca. O sea, sí soy una loca pero no en eso. Yo no obligo ni exijo ni presiono a nadie para que esté conmigo porque sé que es la mejor manera de condenar una relación al fracaso y de terminar odiándose y resintiéndose. Yo no suplico, ni ruego, ni mendigo cariño porque soy digna cuando estoy sobria. Si a mí no me gustan las cadenas, ¿por qué voy a encadenar? 

Claro, hay una cosa que he extrañado las dos veces que he terminado... no, taima, ése no es el término. Hay una cosa que sí he extrañado las dos veces que les he dicho a los tipos con quienes salía que quería dejar de salir. Mierda, es bien largo, pero es el término justo. Esa gente no era novia mía como para que yo esté usando "terminar," ¿se entiende? Extraño el drama, extrañé los gritos, el dolor, la rabia, las lágrimas, los gritos, la vergüenza de saberte no querida por un tipo que sabes que es intelectualmente inferior a ti. Extrañé la amargura y la inmadurez y el pasar de amor eterno a odio profundo. Extrañaré las llamadas a media noche para asomar la posibilidad de rectificación, la justificación y la excusa para pasar una semana en pijama, la validación de todas mis ganas de llorar. Extraño ser una carajita en ese sentido. Tan sabroso que era sentir que era el final de algo. Tan sabroso que es sentir algo. 

Ahorita, no siento nada. 

No siento nada. No siento maripositas, ni rabia, ni tristeza, ni vergüenza, ni dolor. No siento nada y no me gusta no sentir nada. No me jode que ellos no me hayan querido porque yo no sabía si era capaz de quererlos. Yo estuve ahí por semanas, como que "bueno vamos a ver qué pasa," pero yo me conozco. Yo sé que soy demasiado loca y demasiado intensa y demasiado pasional como para esperar que la cosa crezca y se desarrolle. Ojo, ya sé que eso existe. Ya sé que eso se puede. Una puede un día estar con un tipo medio chévere, medio salir, conocerse, bailar, besarse, tirar, cenar, joder y el amor puede ir creciendo. El amor puede ser como un germinador del colegio (por cierto, ya no sé dónde van a hacer los germinadores porque ahora las compotas vienen en bolsita). El amor puede ser así, pero no conmigo. 

Yo no soy de las que esperan que el amor crezca y madure y salga como una mata de caraoticas poco a poco. Yo quiero y necesito el coñazo. La flecha y el flechazo, el sonido del trueno y el rayo quebrando el espacio poco a poco hasta sentirlo estrellarse en el esternón. Yo no soy de cultivarlo. Si no sentí maripositas la primera vez que me besó yo sé que no las voy a sentir. Eso no quiere decir que no esté clara como el ron blanco en aquello de que el amor se trabaja, pero siento que el amor debe trabajarse cuando ya existió. O sea, después del flechazo todo lo demás es trabajo. Amoldarse, sacrificarse, emocionarse, seducirse, consentirse, conquistarse, retarse, alcahuetearse y demás verbos por el tiempo que sea que dure. 

Por eso fue que hablé con ellos. Claro, tuve que decirles que yo necesitaba más de lo que me estaban dando. Una vez más, salí con un par de tipos que, ¡de pana, Nina! Hasta que no deje de hacerme eso a propósito no vamos para el baile, pero eso yo lo sé. Siempre lo sé. Lo sé desde el momento que empiezo a salir. Uno fue súper mediocre emocionalmente y patán ocasional. Claro, está mal acostumbrado a las marginales que nos rodean a todos, bien huevona yo también calándome mariqueras de un tipo que ni siquiera me interesaba tanto. ¿Sudando la camiseta para quién? Para mí no era. ¡Yo estaba clara como el vodka! No estoy dispuesta a que me traten mal. Yo no puedo estar con un carajo que así sera por error freudiano salga con patanadas, que sea acomplejado, que me esconda frente a una ex, que se crea el último helado Haagez Daz del congelador, que crea que yo no importo, ni cuento, ni nada. Me ladillé de andar walking on eggshells sólo porque no quieres parecer una loca cuaima intensa. Estoy loca, soy intensa y nunca he sido cuaima. No soy cuaima porque me ladillan los inseguros que son cuaimos y sé (aunque haya estado casi un año con un mamahuevo que hizo que se me olvidara temporalmente) que el amor tiene que ser libre y no puede imponerse. El Síndrome de Estocolmo no es amor, es una reacción psicológica, es una enfermedad y una maldición de la que me libré para siempre. 

¡NI DE VAINA! Se acabó. Yo tengo derecho a decir cuán contenta estoy, tengo derecho a darle un beso en el momento que a mí me dé la gana al carajo con quien estoy, tengo derecho a arrecharme y a ponerme brava y a exigir que no me vean la cara de pajúa. Y eso no me hace una cuaima intolerante, exigente y maldita. Eso me hace Nina Rancel. That´s what makes me Nina From The Blog, mamahuevos.  

¡Yo no puedo andar con tipos que sean menos arrechos que yo, pana! ¿Hasta cuándo? Yo tengo que terminar de entender que una cosa es dejar que la vida te sorprenda y estar abierta a todas las posibilidades, pero que eso no significa bajar la barra hasta allá. O sea, de pana salir con cualquiera por salir significa que vas a estar parada en la cola del cine y antes de que tú ofrezcas invitar las cotufas a ti el muy huevón te va a decir: "bueno, obvio que tú pagas las cotufas." He debido meterle un coñazo e irme. Eso es lo que ha debido pasar. La gente no puede ser tan pichirre y miserable en la vida, de verdad. Wait, sí pueden. Pero con otra, no conmigo. 

Y el otro estaba ¡sorpreeeesa! emotionally unavailable. Éste no fue patán. Nunca me trató mal, nunca fue maleducado, nunca dijo nada hiriente ni cruel ni un coño. Lo contrario, siempre fue un caballero. Un tipo demasiado talentoso en lo que hace y bastante cómico. Hablamos un par de veces cuando yo estaba en Nueva York. A veces hay que irse para saber si te van a perseguir. Y la verdad es que no, no me persiguieron. Hablamos de vez en cuando en NYC, pero una sabe. Una SIEMPRE sabe cuánto interés tiene el otro. No importa cómo lo quieras esconder y si te lo quieres negar. Los hombres son muy buenos jugando el Dating Game, pero son muy malos disimulando que están interesados. Él no estaba tan interesado como yo me merezco que estén, eso es todo. Fue muy maduro. Yo dije que él me parecía un tipo increíble, pero que yo necesitaba y merecía y quería más en mi vida. Yo entiendo que no nos vayamos de palo ni de intensos cuando tenemos menos de un par de meses saliendo, pero yo necesitaba saber si existía la posibilidad de algo. ¿Qué es algo? Yo no necesito ser novia de nadie para enamorarme, no necesito compromisos, ni anillos, ni promesas ni fiestas en La Esmeralda. Creo que es mi peor defecto y mi mejor virtud, pero sí necesito ver al hombre de quien posiblemente me enamore y saber que es posible que él se enamore de mí también. Él hizo silencio. Yo dije que hasta aquí y él no me quiso hacer cambiar de opinión. Él también sabía. Él y yo, los dos sabíamos. Lo he dicho antes:a estas alturas del siglo XXI, no todas las relaciones tienen que ir a alguna parte. Ésta fue así. Y fue chévere, pero para estar por estar, de pana que prefiero ahorrar la pinta sexy para otra gente. Maquillarse sale caro y arruga, si ni me van a decir que estoy linda me quedo en pijama viendo Scandal en mi casa.  

Ajá, ahora vuelvo a lo que me preocupa. No siento nada. No me duele ni el ego. No me jode la vida ni me atormento pensando en ninguno de los dos. ¿Es porque ellos no fueron lo suficiente meaningful o porque perdí la capacidad de estar genuinamente interesada por un tipo? Me da mucho miedo la posibilidad de no volver a sentir nada por nadie. La mayoría de los tipos con quienes he estado han sido verdaderamente mediocres y me da pavor pensar que me convirtieron en una de ellos. Yo amo mis maripositas, me encanta sonreír como una pajúa en el momento que por fin me escriben después de un buen first date, me encanta pararme en la puerta del copiloto y hacer que se baje a abrirme la puta puerta, me encanta cacharlos viéndome de lejos y sonreírnos cual película desde lados opuestos de la sala, me encanta contarle a Flo todo con pelos y señales y me encanta cuando me jalan bola después de pelear. 

No voy a renunciar a las maripositas, ni al romance, ni a los libros, ni a la dignidad, ni al respeto ni al arte, ni al blog. Estoy dispuesta a renunciar a las peores partes de mí. A la terquedad, la intolerancia, la soberbia y la inseguridad. Estoy dispuesta a que negociemos, pero no voy a dejar que me pisoteen. Prefiero no amar a nadie si no puedo honor everything I ve always stood for. I am willing to compromise. Are they? 

2 comentarios:

mi dijo...

Mierda comienza a darme miedo lo mucho que me identifico con tus posts.

Gabriela Garcia Aller dijo...

Gracias Nina. Marica, no tienes ni la menor idea de lo paleativo que es leer tu blog. No se si por ser una niña "Mater" poco convencional (just like me) o por simplemente tener demasiadas vainas en común, me inspirar a abrir un blog. Probablemente sea cualquier vaina, pero desde hace tiempo te leo y creo que necesito, por mi salud mental, comenzar a escribir lo que siento. Solo que a veces creo que no tengo tiempo.

Fuck, de pana que arrecho sentir que no estoy tan loca como creí y que después de todo, tampoco tan sola. Jajaja un poco raro el comentario, pero es así.

Nada chica, pa' lante!