sábado, 22 de septiembre de 2012

Las noches siguen siendo lo más difícil. A los 22 o a los 26

Durante un mes normal, las noches son la mejor parte de mis días. De hecho, me emocionan y las espero con ansias. En la noche mi cabeza funciona mejor. Me siento más creativa, más productiva y más libre. A menos que esté en la calle manejando sola, que siempre me siento más cagada, pero eso no es relevante ahorita. 

En una situación de soltería normal o de noviazgo feliz, las noches me hacen sonreír. Estas noches de soltería impuesta y determinada por factores externos y ajenos a mi voluntad, no. Me ponen triste. La noche me pone a pensar o a leer, que muchas veces es lo mismo. Siempre consigo la manera de ir directo hacia allá. Hacia él. Y me jode. Me jode burda porque me duele un poco todavía. 

Las noches son difíciles porque te obligan a recordar mejores noches. Porque la gente duerme y la compañía se acaba. Porque me siento muy sola después de haberme sentido tan bien acompañada. En el día estoy tranquila. En la noche me siento infinitamente sola. Los ruidos de la noche acompañan, pero él acompañaba mejor. El cricri que se escucha de noche en Caracas, nunca he sabido si son sapitos o grillitos o chicarras o qué, me calma y tranquiliza a veces. A veces, hay testigos y compañeros. Otras veces, ellos siguen cricriando como si no hubiera pasado nada y me da mucha rabia. ¿Qué carrizo hacen cricriando si yo tengo el corazón roto? ¿Qué se han creído ustedes para sonar si yo no puedo dejar de llorar por él? Dejen de sonar, coño. Me duele cuando suenan hoy. Mañana no será tan grave y así. Las Mamás Chicharras/Ranitas no les dijeron que es una ratada no conmoverse con el dolor ajeno.

A él tampoco se lo dijeron. 

Quizás tiene poco que ver con él, de repente es que se me pegó todo. Pero así me siento. Todas mis amigas están afuera y no sé pedir ayuda a las panas cercanas que hice de grande y que siguen aquí. Lo extraño y quiero estar con él, pero sé que no debería. El sentido del deber y la adultez son una mierda. La dignidad es una mierda. Que las cosas no funcionen aún cuando por lo menos de uno de los lados hay amor y ganas es una mierda. Las noches están para llegar a todas esa conclusiones y muchas otras. Y no sé qué tiene la noche que las hace más pesadas. Más duras y más verdaderas. Más importantes. 

Tengo 26 años y no puedo darme el lujo de salir a echarme palos todas las noches para evadir como ya hice, tantas noches antes de ésta. No quiero salir por salir a besar a otros tipos. No quiero distraerme. Quiero afrontar y lidiar con el dolor. Quiero gritar en la almohada. Quiero patalear y ver el sofá como una masoquista. Quiero llorar tranquila sin que nadie me juzgue por haber llegado a quererlo tanto en dos meses. 

La oscuridad de la noche protege a héroes y bandidos. Me gustaría creer que soy de los primeros la mayoría de las veces. Iba a decir que él sería de los últimos, pero sería injusto. Las lágrimas de hoy no le quitan mérito a la felicidad de ayer. 

De noche sólo yo sé cuánto me importa. Me siento sola pero segura. Me siento triste pero tranquila. No sé si es la adultez o si es la noche, pero me siento libre de sentir. De sentirme bien o mal, libre. Lástima que hoy me sienta así y no pueda hacer nada para cambiarlo. Qué lástima volver al mismo punto una y otra y otra vez. Qué lástima tener mala suerte y mal ojo. Qué lástima que a esta hora y a ninguna otra puedo decirte cómo me siento. Qué lástima que ya no tengo el derecho a escribirle toda la noche. 

Estas noches no son tan duras como aquellas. Pero no están jugando carrito tampoco. 

De noche puedo decir que soy noble en vez de pajúa. De noche puedo decir que soy leal en vez de pendeja.  Noches como hoy, necesito mis eufemismos. Pero no se compensa.