sábado, 30 de marzo de 2013

Carta abierta a todos mis ex


         Hola. Algunos de ustedes me verán más flaca que cuando me conocieron. Otros, un poco más gorda. Es que en los últimos 10 años mi peso ha fluctuado más que el dólar paralelo.

Primero, quisiera aclarar que cuando digo ex uso el prefijo en su modo más amplio. Ex incluye novios, sí, pero no excluye a los que no llegaron a tener el título. Eso es lo único que tienen en común: que todos fueron importantes. Durante relaciones cortas o largas, durante años o días, durante llamadas o salidas, durante segundos breves e intensos o años largos y disipados, todos ustedes fueron importantes. Todos significaron cosas para mí y yo no sé por dónde empezar a agradecerles. Empecé con esta carta porque no sé hacerlo de otra manera.

Quizás pueda empezar diciendo que a los que me hicieron daño, ya los perdoné. Menos a ti. A ti nunca te voy a perdonar por hacerme confundir el amor con el Síndrome de Estocolmo. Me hiciste confundir barrotes con maripositas. No me interesa cuán jodido estés en la vida. Te perdonaré por sacarme la vida de los ojos y el alma del cuerpo como un Dementor cuando me perdone a mí. Y eso nunca va a pasar.

Contigo aprendí que si no hay libertad no puede haber amor. Hay que ser libre para amar, es una lección que nunca olvidaré. Eso sí te lo podría agradecer, supongo. Me enseñaste que el amor tiene que ser libre. Aprendí que nadie puede obligarme a amar y que mientras más se fuerza, menos conviene. Ya sé que sin libertad no puede haber amor, porque el espacio que debe ocupar el segundo lo otorga y cede el primero. También aprendí que hay gente que es ancla y hay gente que es propela. No funcionó porque tú eras un ancla tamaño Titanic y yo soy propela tamaño La Pinta, La Niña y La Santa María juntas, a pesar de que mido 1.56.

Tú fuiste el primer amor de mi vida. Fuiste todos los “si tal cosa…” juntos. Eres el hombre a quien más he amado.

A los demás, los he amado mejor.

La verdad es que sólo he amado a otro más después de ti, que ni el título de novio tuvo. A ti te amé por tanto tiempo que es injusto compararlos. Que nunca se te olvide que por muchos años fuiste el único gran amor de mi vida. Me acuerdo cuando nos decíamos eso y lo conjugábamos en futuro. Decíamos “recuerda que siempre has sido y siempre serás el único y gran amor de mi vida”. Éramos demasiado chamos y no había manera de prever todo lo que pasaría después. Ya no hay rencor, ni amor, ni odio, ni admiración; ni siquiera hay indiferencia. Es más fácil así, creo yo. Hay gratitud por dejarme amarte como la loca que era. Hay gratitud por dejarme hacer de tu familia la mía.

Gracias a ti aprendí que no importa cuánto duela, cuánto joda, cuánto pese, nadie se muere de amor. Nadie. Aunque quieras morirte y aunque trabajes activamente por eso, guayabo no mata gente. Todo termina haciendo costra. Aprendí que todo pasa. Todos los dolores juntos del mundo no me dan miedo, porque me doliste tanto que sé que no va a haber nada peor. ¿Te acuerdas de que fuiste la primera persona que me dijo que era cómica? Sembraste eso en mí y siete años después, estoy haciendo stand up.

También aprendí que perderme a mí era un precio muy caro por amar. Esa tarifa no era negociable. Quedarme contigo hubiera sido como vender un iPhone 5 en 1000Bs. No se hace y punto.

Contigo aprendí que el amor no es para cobardes. Descubrí que todas las mujeres tienen su cuento de hadas y que nunca debo conformarme con un hombre que me trata, “buueeeeh, más o menos bien”. Tú me cambiaste. Me convertiste en esta mujer que no se cala mediocres y que no quiere estar con un hombre que no esté dispuesto a tratarla como una versión posmoderna de la Cenicienta, mínimo como una Kate Middleton. No quiero sonar echoneta, pero yo estoy muy orgullosa de la mujer que soy y a ti, te debo el principio. Eres el hombre contra quien mido a los demás. Si no me hacen sentir como tú lo hiciste, si no me tratan como tú me trataste, si no me besan como tú me besaste, no son lo suficientemente buenos para mí.

Tu apoyo y tu confianza fueron invaluables para mí. Me retaste intelectualmente todos los días. Me hiciste actuar más y pensar menos. Me quisiste y me valoraste un email a la vez. Me escribiste las cosas más bonitas que me han escrito y me diste fe y esperanza en mí. ¿Cómo te pago eso? Te escribo. Te escribo lo importante que fuiste y te digo hoy cuánto te amé, aunque tú sólo me hayas querido.

Me arrepentí muchas veces de no darte todo lo que pude y eso más nunca me volvió a pasar, ¿sabes? Más nunca dejé de decir nada. Más nunca bloquée impulsos, más nunca callé verdades, más nunca disimulé miradas, más nunca dejé de pedir un abrazo.Todo lo que frené contigo, ahora tiene rienda suelta. Eso me ha hecho una actriz más verdadera y una mujer más honesta.  Cuando me gane el Oscar voy a pensar en ti y en el camino que recorriste conmigo. Gracias.

Tu fuiste importante porque yo era demasiado bolsa. Me tranquiliza decir que ya no eres importante y ya yo no soy una bolsa. Tú me quitaste la pendejada a punta de demostrar que yo, para ti, era irrelevante. Otra cosa, ya sé que no era el timing, es que eras un hijo de puta.

Yo no sé lo que hubiera pasado contigo si hubiéramos podido querernos. Si hubiera sido permitido y si no nos hubiéramos conocido tarde. Lo que sí sé, es que contigo mi voluntad se probó hasta el límite y que me enorgullece decir que siempre hice lo correcto. Nunca hice lo que no me gustaría que me hicieran. Me gustabas, pero demostré que mis valores eran más fuertes que una atracción. Aprendí que ninguna atracción, por poderosa que sea, vale sacrificar mis valores, mi ética y todo lo demás que me enseñaron las monjas. Más vale dignidad intacta que cama compartida, digo yo.

Lo único que voy a decir de ti es que el peor error de mi vida fue dejarte ir. Desde hace un año pienso en ti todos los días. Eres el único en el que pienso todavía, de hecho. Me alegra que seas feliz, pero me da mucho miedo reconocerme tan egoísta. Trabajo en eso todos los días, si sirve de algo. Es tarde para nosotros, yo sé, pero de repente no es tarde para mí con alguien más. Dicen que el primer paso para solucionar un problema es admitir que existe. Hola, me dicen Nina y soy una “ególica”. Si terminas con tu novia llámame y te invito un trago… o siete. 

De ti, no voy a hablar. Voy a darte las gracias porque has sido el mejor profesor y porque me has hecho trabajar a pulso para ganarme tu cariño. Creo que lo estoy logrando. Lo peor que puede pasar es que tenga que escribir una carta de guayabo el año que viene. O que termines en mi blog en dos semanas, ya veremos.

El resumen es que queriéndolos a ustedes, aprendí a quererme a mí. No porque su amor me validara como mujer, ni porque necesitara que alguno me quisiera para quererme a mí, sino porque queriéndolos aprendí cómo me gusta que me quieran.  Queriéndolos aprendí lo que me calo y lo que no. Descubrí en lo que soy buena y en lo que soy tan mala que debo trabajar todos los días. Aprendí que por amor hay que arriesgarlo todo. Aprendí a ser dura conmigo pero flexible con los demás. Entendí la importancia de escuchar.

La lección más valiosa de todas es que para querer a los que vendrán, debo quererme a mí primero. Como trabajé por nuestras relaciones, ahora trabajo en la que demostró ser la más importante de todas: la relación que tengo conmigo.

Cuando dejé de quererlos entendí. Entendí que para que no doliera tanto el desamor hay que buscar una compañía más sólida, menos efímera. Todos los vínculos pueden romperse en el momento más impredecible y por eso mi relación más importante es conmigo. Como percibo el mundo, como me veo a mí, como actúo, como dejo que las cosas me sucedan, como trabajo activamente por lograr lo que quiero, como ejecuto, como me respeto, como me aguanto, como me exijo, entre otras cosas, son consecuencia de que ustedes ya no estén conmigo. Y estoy muy orgullosa de todo eso.  

Hasta aquí llegamos. Muchas gracias, los quise mucho,

Nina. 

7 comentarios:

Ora dijo...

"Tú me quitaste la pendejada a punta de demostrar que yo, para ti, era irrelevante." No me cansaré de decirte, Nina, que tú escribes lo que yo quiero decir, siempre. Gracias!

Michelle Durán dijo...

Qué largo camino debe uno recorrer para por fin alegrarse (sinceramente) cuando un ex está sencillamente bien y ya. Tremendo. Más tremendo poder plasmarlo como lo acabas de hacer. Bien, vale. ¡Saludos, Nina!

Sinuhe dijo...

Star of the South: genial. En el fondo, y en la forma. Me quedo con ganas de leer tu próximo libro.

Valeska P dijo...

"Eres el hombre contra quien mido a los demás" ... Cuándo este ex me deje de doler todo estará bien. Saludos Nina.

Sólo siete dijo...

Siete nada más ?

Angiembp dijo...

Es como si me leyera en tus palabras...

Victor Drax dijo...

Friedrich Nietzsche dijo una vez que al amor hay que dejarlo como se abandona a la vida: con más gratitud, que dolor.