domingo, 3 de marzo de 2013

¡No más jaladera de bola!

Pareciera ser que en este país para caerle bien a la gente, hay que ser jalabola. No les caeré bien, entonces.

Es chimbo, porque he aprendido a ser diplomática pero eso no es suficiente, mira tú. Hay que decir que todas las obras de teatro que viste son una maravilla, hay que decir que es el mejor disco que has escuchado, hay que decir que fue rolo de concierto aunque los cantantes sean desafinadísimos, hay que decir que me encantó la exposición, hay que decir que entendiste todo lo que quiso decir en su poema aunque lo que hizo fue escribir "amor, a-m-o-r, zapaticos apretados, amor", hay que decir malintensidades, hay que mirar a los ojos y mentir. 

Lo siento, pero no puedo. Nunca he podido y nunca podré. Eso sí, he aprendido a no dar mi opinión sin que me la pregunten después de tener mil veces esta conversación: 

Ellos: ¡Hola! ¿Qué más?
Yo: uy, terribles tus compañeros, ¿ah? La que hacía de la puta es muy mala y muy sobreactuada. Además, en esa obra nunca pasa nada, ¿no? Me gustó tu escena con tu exnovio, pero todo lo demás hay que quemarlo. Te quiero, friend. 

Ya no. Ahora espero que me pregunten. 


Ellos: ¡Hola! ¿Qué más? ¿Qué te pareció? --> ¡esto es clave!
Yo: Uy, terribles tus compañeros, ¿ah? La que hacía de la puta es muy mala y muy sobreactuada. Además, en esa obra nunca pasa nada, ¿no? Me gustó tu escena con tu exnovio, las luces, el vestuario, el silencio que hicieron en tal parte y pajapajapaja (paja verdadera pero irrelevante para los fines de este post) pero todo lo demás hay que quemarlo. Te quiero, friend. 
Ellos: sí, yo sé. Pero que fino que te gustó lo mío. 

Si no esperas que la gente te pregunte, no puedes decir tu opinión. Ya lo sé. 

Por ejemplo: La Ratonera me pareció terrible. Terrible por todos lados. Eso sí, amé Azul y No Tan Rosa. Las actuaciones me encantaron, están demasiado bien dirigidos y el guión es muy bueno. Decir que La Ratonera me pareció una mierda no me hace una apátrida, secuestradora, asesina de delfines. 

Yo creo que criticar objetivamente las cosas que se hacen aquí nos haría crecer artísticamente. Creo que decir las cosas buenas y señalar las malas puede ser invaluable para el crecimiento de nuestra industria y nuestra manera colectiva de percibir el arte en todas sus manifestaciones. Desarrollar el arte y la cultura son obligatorios, creo yo, en el desarrollo de un país. Creo que subir los estándares puede generar productos que pudieran competir seriamente en otros países. ¿Por qué tengo que felicitar y alcahuetear la mediocridad? Siento que cuando haya mérito, hay que alabar. Siento que cuando nos guste debemos decirlo. Siento que la expresión de una opinión negativa puede generar crecimiento y puede generar aprendizaje. 

Creo que hay que tener criterio para emitir una opinión, también. Yo no voy a decir nada sobre unas fotos que no sea "me gusta/no me gusta" porque yo no sé nada de fotografía. Creo que hay que argumentar bien las opiniones negativas y que debe cuidarse el tono. He trabajado muchísimo por mejorar mi manera de expresarme sobre las cosas que no me gustaron y lo seguiré haciendo. 

Si nosotros como artistas no podemos debatir, conversar y deliberar sobre la calidad de nuestros productos; si nosotros no podemos expresarnos libremente; si nosotros no trabajamos por ir siempre hacia mejor; si nosotros no nos exigimos más; si nosotros no señalamos y nos rebelamos en contra de la mediocridad; si nosotros nos pagamos y nos damos el vuelto; ¿quién lo va a hacer?

2 comentarios:

chalyvera@gmail.com dijo...

A la gente hay que darle lo que quiere, a nosotros tambien nos gusta que nos mientan, entonces ¿por que no mentirles a ellos?

saludos

Mariale divagando dijo...

Comparto la idea de que debemos decir la verdad. Si algo no me gustó, lo digo. No me siento obligada a decir que quedó chévere solo porque lo hizo un panita o porque se hizo en mi país.

Sobre lo de esperar que me pidan mi opinión, sí, tienes razón, debería esperar que me pregunten. Pero, hermana, la hemos cagao': yo te he dado mi opinión chorrocientas veces sin que me la pidas; afortunadamente, tú lo has digerido bien.