domingo, 27 de julio de 2014

El día que cambié

Todo esto que hice el día que cambié, lo hice con amigdalitis. Soy la Mujer Maravilla.

El viernes me desperté temprano para abrirle a la señora que trabaja en mi casa. Se llama Ana, tiene la piel del color del chocolate Savoy y es comiquísima. Hemos desarrollado una complicidad divertidísima y me recuerda mucho a Lina, la señora que trabajó por años en casa de mi mamá. Lina se fue de la casa hace más de diez años y creo que a mi mamá le sigue haciendo falta. Ana y yo pasamos un rato echando broma y haciendo chistecitos a costa de la otra señora, que es muy floja y nunca quiere hacer nada. 

Le escribí a la depiladora para ver si tenía chance de atenderme en la mañana, me dijo que fuera tipo tres o cuatro. Le mandé un mensaje que decía que a las cuatro, porque tenía la primera lectura de una obra en la que voy a asistir la dirección. A los quince minutos me escribió "puedes a las 9:30?" le respondí que la amaba y que ahí estaría. Desayuné patilla, piña y un poquito de pollo hervido, como tengo tres semanas haciendo. Vi El Viaje del Escritor sobre la cama y casi lo agarro, pero recordé que Arelys siempre es puntual y no iba a tener tiempo para leer. De hecho, ya estaba jodido el día, porque a la 1:30 tenía que estar en la lectura y tenía que hacer dos horas de ejercicio antes de eso. 

Esperé casi media hora por Arelys, mientras revisaba Twitter-Instagram-Facebook una y otra vez, que es una manera del universo de decirme que mientras no escuche a mi intuición, voy a estar jodida para siempre. Arelys me regañó por los desastres que hice cuando traté de arreglarme y autodepilarme. Le expliqué a Arelys que soy artista y que los artistas a veces no hacemos real para ir a la peluquería cada dos semanas, como antes. Me dijo "eres artista desde que te conozco y antes podías hacerlo, ¿qué está pasando ahora?" Arelys 1-Nina 0. 

Volví a mi casa y troté en la caminadora una hora y dos minutos. La verdad es que no, fue una hora exacta pero "ahora" me iba a quedar demasiado cerca de "hora" y es una cursilería desafortunada rimar así. Si quería llegar puntualmente a la lectura, debía sacrificar una hora de cardio. Me bajé corriendo a bañarme y comer. Decidí empintarme para el tigre que tenía en la noche de una vez y salir con más espacio en el bultico. En el bultico metí el Kindle, un cuaderno, el estuche grande de maquillaje y las botas de púas que amo. Salí a la una en punto y sudé como Precious hasta llegar al CCCT a la 1:21 P.M. En el camino a Urban, le confesé mi rechazo hacia las mujeres de nuestro elenco. Detestaba sin conocerlas a las funcionarias actorales designadas para esta obra y con las cuales tendré que lidiar por las próximas semanas. 

A la hora y media, una de esas mujeres me habría callado la boca con cemento. Esta mujer tiene lo que no se puede enseñar. Al final, eso es lo único que importa. Todo lo demás se pule, se mejora, se trabaja. La naturalidad, la organicidad y el Je Ne Sais Quoi, estaban ahí. Cómo lo vio el director en quien tampoco confiaba, no lo sé, pero estaba ahí brillando como la luz verde de Gatsby y como la estrella de la princesa. Pensé en Elia y en que una y otra vez fallo en una de las reglas más importantes de todas: un actor no puede tener prejuicios. Ya me metí en este paquete por culpa de cumplir la regla de que ninguna experiencia se rechaza, pero sí me vino bien recordar la otra. Ella muy humilde y reconociendo su ignorancia y yo creyéndome Stella Adler reencarnada cuando casi nunca llego a ser ni siquiera Nina Rancel. 

Cuando se acabó el ensayo, salí volando. No sirvió de nada porque perdí el ticket del estacionamiento. Tenía media hora para llegar del CCCT al Teatro Santa Fe en hora pico en Caracas. No iba a pasar. Ticket perdido más cola más responsabilidad igual mototaxi. Seis minutos antes de las seis, estaba en el teatro. Saludé a las chamas del corto y a todo el mundo en el teatro, que really does feel like home, me entrevistó un pana a quien respeto mucho que tiene un programa de cine y cuando recibí el guión del evento me puse blanca como cuando en la adolescencia mi mamá me cachaba una mentira. Alejandro Bellame iba a ir. Alejandro Bellame es el director de Blue Label y bajo ningún concepto puede saber que yo soy una mujer hecha y derecha que tiene absoluto dominio de un escenario. Alejandro Bellame no puede saber que yo soy una animadora fogueada y que en un buen día soy capaz de hacer a cientos de personas bailar al ritmo que yo quiera que bailen. Fue horrible. Por media hora pensé y pensé en cómo hacer el trabajo para el cual me habían contratado y que este hombre no viera que soy una mujer supuestamente madura. No podía cagar el evento que no era mío, ayer era una empleada más. No podía tampoco arruinar el chance que me queda de ser Eugenia Blanc por ser yo y por actuar de mi edad. Caminé por todo el Teatro y pregunté no menos de cinco veces a las organizadoras si ya había llegado. Si él llegaba temprano, el plan era pararme cagadísima cerca de él y presentarme como una carajita insegura "hola Eugenia Blanc, un placer." Ni siquiera tendría que actuar, los nervios y la inseguridad iban a salir solos porque I would kill for this part and it really freaks me out. 

Alejandro Bellame nunca fue. 

No me gusta animar, pero soy buena haciéndolo y es un trabajo fácil que paga bien. Además, en este evento se iba a pasar Tú, un corto de la UCAB para el cual me hipermegafajé. Clásico corto estudiantil, tres carajitas buenas se partieron el culo haciéndolo y las demás turisteaban en el set. Las tres carajitas buenas me odiaron durante muchos momentos del rodaje, pero tenía que hacerlo. Tenía que cuidarme y prepararme e intensear porque no era un corto fácil, podía make me or break me. Fui responsable, cuidadosa, intensa y necia con muchas cosas y muchas veces a ellas me les incrusté. Después de haber visto el corto, debo decir que valió la pena. Ellas aprendieron que si no tienes un actor de verdad que cuente bien la historia, no tienes historia y yo aprendí que el ojo, la buena organización y el buen gusto para hacer cine se pueden conseguir en todas partes. Por ejemplo, en los pasillos de la Católica. 

La primera vez que hice un corto estaba en el colegio. He hecho, aproximadamente, un corto cada dos meses desde hace tres años y nunca había hecho un corto como éste. Primero, el uno de los pocos que se entiende. Segundo, está bien escrito, bien producido, bien editado y la fotografía es increíble. Tercero, se parece al guión. Perdón, es mejor que el guión. Cuarto, I rocked that shit. Lo que más hago cuando veo cortos que he hecho es gritarme IMPOSTORA DE MIERDA, FALSA, DESTALENTADA QUE MALA ERES. Durante este corto, no me pasó eso. Mas bien salí orgullosa de mí y de lo que puedo hacer cuando trabajo y hago las cosas como y con quien son, no con mediocres que no entienden que la actuación no es soplar y hacer botellas. Creo que a pesar de odiarme en varios momentos, ellas entendieron que para que la actuación sea buena, hay que intensear y mínimo prepararse antes de que digan "acción." Las tres son talentosas y estoy segura de que harán grandes cosas, porque tienen las herramientas, las ganas y la disposición.

Cuando se acabó el corto, me monté súper emocionada a despedir el evento–e igual no se me notó, porque acting! bitches– y dar las gracias a todos por haber ido. Me bajé de la tarima y algunas personas me felicitaron porque animo bien y otras me dijeron que era buena actriz. Nothing major. Lo más importante fue que D. estaba ahí, tenía un personaje en el corto también. Cuando me vio me dijo "no me abraces que voy a llorar." La abracé igual porque necesitaba un abrazo y lloramos las dos como unas pajúas. Fue un abrazo que recordaré toda la vida y eso que I am not a hugger. 

Fue un día increíble, porque cambió mi percepción de mí. Que bolas, que por primera vez en tres años siento que I am not hopelessly wishing for something, I actually have the tools to get there. Ahora, por lo menos por hoy, creo en mí de nuevo y creo que puedo ser y hacer ese papel y muchos más.